Predator: Badlands convierte al cazador en un héroe sentimental
El depredador ya no caza por trofeos. Ahora colecciona mascotas, hace amigos y aprende valores. Ese es el diagnóstico que recorre la discusión sobre
Predator: Badlands, el nuevo capítulo de la saga que, según quienes ya la han visto, sustituye el terror de supervivencia de las dos primeras entregas por una
buddy movie con humor, sintéticas charlatanas y una criatura tipo Grogu. El teaser oficial, difundido en medios como as.com e hipertextual.com, sitúa la acción en un planeta remoto del futuro: un joven depredador interpretado por Dimitrius Schuster-Kolamatangl, rechazado por su propio clan, une fuerzas con Thia (Elle Fanning). El estreno está anunciado para el 26 de abril.
Qué se cuenta de Predator: Badlands y su trama
La película se ambienta en el futuro y su historia transcurre en un planeta remoto, según los datos que acompañan al tráiler. El protagonista es un depredador joven que vive en sus carnes el rechazo de su propio clan y que, para colmo, acaba aliándose con una humana. La sinopsis oficial habla de una «aliada inesperada» y de un «adversario definitivo» al que ambos deberán enfrentarse.
Hasta ahí, material de franquicia. El problema, para buena parte de los comentarios, no es la premisa sino el tono. Quien la ha visto describe una cinta de acción con estructura de
roadmovie espacial, rozando lo Mandaloriano y con dosis notables de humor. «El tono de miedo survival de las clásicas no hay nada», resume un espectador que, aun así, la considera «de lo mejor que he visto en 2-3 años» como película palomitera.
El depredador que hace amigos y colecciona bichos
El giro que más ampollas levanta es el carácter del protagonista. Frente al cazador implacable, misterioso y sin remordimientos de la película original, el nuevo depredador aparece definido por sus vínculos afectivos. «De un cazador implacable hemos pasado a una nenaza que se abre sentimentalmente gracias a las criaturas que va encontrando por el camino», sostiene una de las críticas más repetidas.
Otro espectador incide en la misma línea: en vez de un cazador que acumula trofeos, el personaje es «un coleccionista que va recogiendo bichos monos como mascotas». La relación con el padre —el protagonista es infravalorado desde el minuto uno por su progenitor, que no le da la oportunidad de probarse con una presa valiosa— completa el retrato de un depredador con problemas familiares, algo que un comentario compara con el guion de Zack Snyder.
Sintéticas, liderazgo femenino y la etiqueta de wokada
El reparto de sintéticos es otro de los frentes. Se describe un grupo en el que no hay ningún varón negro, todos son hombres blancos, liderados por dos mujeres, y todos acaban siendo inútiles y eliminados. La lectura que se hace desde varios mensajes es que la película transmite la idea de que son las mujeres quienes lideran.
La etiqueta de «wokada» aparece y desaparece con matices. Un espectador confiesa que esperaba tanto contenido de ese tipo que le pareció «poco woke», y subraya que «feminismo la verdad que nada». Otro va más lejos y habla de «dos empoderadas lesbianas robots, rodeadas de docenas de sintéticos inferiores dotados de polla, más tontos que el que asó la manteca». La coincidencia, incluso entre quienes discrepan, es que el personaje ha sido edulcorado.
El desgaste de una franquicia que ya no tiene jugo
Más allá del culture war, hay un diagnóstico de fondo que comparten casi todas las posturas: la saga se exprime porque no queda nada que contar. «El personaje no da más de sí, todo lo que hagan es exprimir algo que ya no tiene jugo ninguno», señala un comentario que sitúa el punto de no retorno en la segunda entrega.
El argumento técnico también aparece. Se critica un diseño de producción «lamentable», unos efectos especiales de ordenador y una paleta de colores grises, verdes y azulados que, según un mensaje, se repite en el cine de los últimos quince años para disimular el croma. La pregunta implícita es incómoda: si el producto es tan flojo, ¿por qué sigue habiendo presupuesto para más entregas?
La taquilla dirá si el cazador sentimental tiene público o si, como sostiene la lectura más cínica, se trata de una franquicia que sobrevive por inercia industrial. De momento, el único consenso es que el depredador ya no da miedo. Y eso, en una saga que vivía del miedo, es mucho conceder.