El Papa avisa a los obispos: la ultraderecha le preocupa más que la pederastia
El 17 de noviembre, en el Vaticano, los nueve obispos de la comisión ejecutiva de la Conferencia Episcopal Española se sentaron por primera vez frente a León XIV. Seis meses de pontificado y ninguna visita a España. El presidente de la CEE, Luis Argüello, abrió la reunión con el temario previsible: secularización, problemas demográficos, casos de pederastia. El Papa escuchó en silencio. Cuando tomó la palabra, cambió el orden del día. Su mayor preocupación en España, dijo, es «la ideología de
ultraderecha». Y añadió que esos grupos «buscan ganar el voto católico» e «instrumentalizar a la Iglesia». Dos fuentes conocedoras del encuentro confirmaron el contenido a
El País.
La escena tiene su gracia. La jerarquía española fue a Roma a hablar de sus cosas y volvió con una directriz política bajo el brazo. «Hemos comprobado que Robert Prevost conoce bien España», resumió Argüello ante los periodistas. Vaya si la conoce.
Qué dijo exactamente el Papa sobre la ultraderecha española
El mensaje papal fue quirúrgico. León XIV alertó del ascenso de grupos que, según su diagnóstico, utilizan a los creyentes para sus fines. Un prelado lo tradujo sin paños calientes: «El Papa ve que la ultraderecha utiliza a los creyentes para sus fines». Los destinatarios implícitos tienen nombre: partidos como Vox y los grupos ultraconservadores que, desde el verano, difunden mensajes contra la acogida y regularización de inmigrantes.
El repertorio de esos ataques, tal como lo describe el material, es variado. Acusan a los obispos de traicionar a los fieles por apoyar políticas «anticristianas» del Gobierno, y lo presentan como una contrapartida pactada por los casos de pederastia o como consecuencia del sistema de ayudas que recibe la Iglesia. También reprochan al episcopado su supuesto silencio ante el avance del islamismo. Y hay una propuesta que toca la caja directamente: dejar de marcar la X de la Iglesia en la declaración de la renta.
No es un detalle menor. La financiación vía asignación tributaria es una de las patas económicas de las diócesis, y quien mueve ese tablero no está haciendo teología, está haciendo caja.
Los tres efectos que se vieron en dos meses
Las órdenes del Papa no tardaron en producir resultados medibles. El 8 de enero, la CEE se retractó de todo lo dicho hasta entonces y cerró de golpe un acuerdo con el Gobierno para compensar a todas las víctimas de pederastia, un asunto atascado año y medio por la negativa de los obispos a asumir las compensaciones de cientos de víctimas que no consideraban creíbles.
El 27 de enero llegó el segundo movimiento: los obispos apoyaron el plan de regularización de inmigrantes aprobado por el Ejecutivo en Consejo de Ministros y duramente atacado por Vox. La Iglesia, conviene recordarlo, ha sido una de las instituciones que más ha presionado en los últimos años para sacar adelante esa medida, que afecta a más de medio millón de migrantes.
Y el tercero es de calendario: la posibilidad de un viaje papal a España en junio, con Madrid y Barcelona como escalas, que la propia CEE da por hecho en su web pero que no es oficial hasta que León XIV vea clara la situación. La visita a Estados Unidos, en cambio, se descartó en una declaración de la sala de prensa vaticana dos semanas antes.
Por qué León XIV conoce el manual de estos grupos
Hay un episodio que explica la insistencia del Pontífice. Antes del cónclave, cuando solo era el cardenal Robert Prevost, portales digitales ultraconservadores españoles montaron una campaña contra él. Usaron un caso de pederastia ocurrido en 2022 en la diócesis peruana de Chiclayo, cuando el futuro papa era obispo de la diócesis, para acusarle de encubrimiento.
La maniobra arrancó en Perú a raíz de la disolución del Sodalicio de Vida Cristiana, un grupo ultraconservador con rasgos de secta y entramados empresariales, acusado de numerosos casos de agresión sexual. Francisco lo liquidó en 2025 con ayuda de Prevost, frente a una fuerte oposición interna por las conexiones de la organización. El Papa, pues, no habla de oídas: ha sido el objetivo del mismo ecosistema que ahora señala.
La reacción: entre el desmentido y el cisma imaginario
La Conferencia Episcopal emitió una nota para desmentir la información sobre la audiencia, según recogió
El Debate. El desmentido convive mal con los hechos de enero, que son los que son. Y en el terreno de la opinión, el abanico que se abre es amplio.
Hay quien sostiene que la Iglesia hace campaña por la izquierda y se pega un tiro en el pie, con el argumento de que un Gobierno de izquierda acabará desamortizando su patrimonio. Otros invierten el razonamiento: la jerarquía siempre ha ido con el poder establecido, y ahora el poder establecido es el actual Gobierno. Una tercera corriente, más dura, sostiene que la cúpula eclesiástica ha sido infiltrada y que el Concilio Vaticano II marcó el punto de no retorno. Y una cuarta, minoritaria pero explícita, celebra la destrucción de la Iglesia desde dentro.
En medio de todo eso, un dato incómodo para los más exaltados: la Iglesia ha presionado durante años para regularizar a más de medio millón de migrantes, y lo ha hecho antes de que ningún Papa americano le diera instrucciones.
El acuerdo de pederastia está firmado, el plan de regularización tiene el respaldo episcopal y el viaje de junio sigue sin confirmar. Ahí se acaba lo verificable. Todo lo demás —el cisma, la infiltración, la traición— es literatura que cada cual escribe a su gusto.