Sánchez lanza la 'Movilización Progresista Mundial': ¿alianza antifascista o circo de megalómanos?
El próximo 17 y 18 de abril, Barcelona acogerá la cumbre "Movilización Progresista Mundial", un evento organizado por Pedro Sánchez que reunirá a Lula, Petro, Costa, Ribera, Ramaphosa y otros mandatarios y ministros. La idea: responder al avance del "ideario ultra". Pero, ¿es esto una coalición global necesaria o el mayor ejercicio de megalomanía política desde Zapatero y su Alianza de Civilizaciones?
La cita, anunciada con bombo y platillo, promete crear una red de gobiernos y organizaciones progresistas para frenar a la extrema derecha. Sin embargo, los escépticos señalan que la lista de asistentes parece más un cartel de "tercermundistas" que una alianza de potencias. Lula (Brasil), Petro (Colombia), Costa (Portugal) y Ramaphosa (Sudáfrica) no son precisamente los pesos pesados de la economía global. El evento huele a intento desesperado de Sánchez por apuntalar su legado ante el empuje de Vox y el hartazgo social con la inmigración y el wokismo.
La doctrina del "todo en el Estado"
Uno de los comentarios más afilados recuerda a Mussolini: "Todo en el Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado". La alianza no disimula su vocación autoritaria: presentar al rival político como enemigo a batir, no a vencer en las urnas. La estrategia es antigua: crear un enemigo externo para cohesionar a las propias filas. Pero aquí el enemigo no es otro país, sino la propia oposición interna, a la que se etiqueta de "ultra" sin matices.
El paralelismo con 1936 no es casual: se invoca el fantasma del fascismo para justificar una alianza que, en el fondo, busca perpetuarse en el poder. Como dice un análisis: "La gente está harta de inmigración y wokismo", y esta movilización es un intento de frenar la lenta desaparición de la izquierda con un show internacional.
Una AIU (Apestados Internacionales Unidos)
El escepticismo se convierte en mofa cuando se repasa el cartel: junto a Sánchez, figuras como Lula (condenado por corrupción), Petro (con su controversial gestión) y Ramaphosa (con crisis internas). No es una alianza de virtudes, sino de supervivencia. El término "AIU" (Apestados Internacionales Unidos) resume el sentir de quienes ven esto como un club de perdedores.
Hay quien incluso sugiere que Putin, Xi y Dugin podrían unirse a la fiesta, subrayando la heterogeneidad ideológica: ¿cómo se combate el fascismo aliándose con regímenes autoritarios? La hipocresía es palpable.
El 18 de abril, día del evento, algunos esperan que "pase algo" que acelere el desenlace de Sánchez. Mientras, el lector se queda con una pregunta: ¿esta alianza antifascista tiene algún peso real, o es solo humo para cubrir el declive de un presidente que ve fantasmas por todas partes?
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