Pinos por todas partes: la fase II que nunca llegó
España tiene hoy más masa forestal que hace medio siglo y, a la vez, más superficie calcinada. La paradoja tiene nombre: el pino. El plan de reforestación del franquismo plantó millones de pinos como primera fase, y contemplaba una segunda que debía arrancarlos para sustituirlos por frondosas y especies más adecuadas. Esa segunda fase nunca se ejecutó.
De la plantación masiva al abandono de gestión
El turno de las comunidades autónomas en la gestión forestal llegó con el Estado de las autonomías, pero la crítica recurrente es que no han hecho los trabajos básicos: aclarar y limpiar los pinares, crear islas de vegetación de frondosas, mantener cortafuegos y limpiar cunetas. La falta de esa gestión convierte el pinar en un continuo que, cuando se seca, es combustible perfecto. No es solo el árbol original: es lo que no se hace con él décadas después.
Echar la culpa y no apagar el fuego
Hay quien sostiene que la culpa no es del pino, sino de la gestión política: se hable de lo que se hable, la discusión política deriva en ajuste de cuentas con el franquismo o en propaganda. Frente a eso, las voces más pragmáticas recuerdan que hay alternativas sobre la mesa: repoblar con aves que entierran bellotas, dejar solo algunos pinares para recolecta de boletus y empezar a diversificar el paisaje. El consenso, cuando se baja del ruido, es que la segunda fase del plan debería haberse ejecutado hace mucho. La pregunta abierta: con la sierra ardiendo, ¿a quién le interesa ahora completarla?