Milei pasa a la segunda fase con la inflación en el 2,7%
¿Se puede desactivar la antesala de una hiperinflación en cuestión de meses sin que el país se parta por la mitad? El Gobierno de Javier Milei sostiene que ya lo ha hecho y ha anunciado el arranque de una segunda fase. El IPC mensual argentino, que cerró diciembre de 2023 en el
26%, se situó en el
2,7% en octubre. Sobre esa base, el Ejecutivo presume de recuperación —
3,9% de crecimiento en el tercer trimestre— y prepara una rebaja masiva de impuestos.
Con un
50% de aprobación y una terapia de shock a la espalda, la pregunta ya no es si el ajuste se aplicó, sino a qué precio y para quién. Porque el mismo Gobierno que celebra el dato de precios convive con un registro de pobreza que ronda el 60%.
¿Cómo ha bajado la inflación del 26% al 2,7%?
La receta combinó recortes de gasto, desregulación y el fin de los topes de precios, con un objetivo explícito: devolver la confianza en el peso. Los precios respondieron antes de lo que anticipaban casi todos los pronósticos. Del 26% mensual de diciembre de 2023 al 2,7% de octubre hay una caída de una velocidad que pocos analistas colocaban en ese calendario, y que se produce además sin que el Banco Central haya tenido que recurrir a un control de cambios total.
A eso se suma el frente fiscal. La eliminación de los pases pasivos redujo a la mitad la deuda del Banco Central, uno de los agujeros que lastraban cualquier intento de estabilización. Con menos pasivo remunerado, menos emisión y menos presión sobre el tipo de cambio.
El coste del ajuste: pobreza al 60% y caídas del 20%
El otro plato de la balanza tiene cifras igual de contundentes. La economía se contrajo con el shock, y una parte del análisis económico subraya que un
60% de pobreza y caídas del
20% en industria, construcción y comercio no son un titular de éxito. La objeción más repetida apunta a que la inflación ha mejorado respecto a la herencia recibida, pero no está mejor que en etapas de gobiernos anteriores, y que lo que se ha desplomado de verdad es el PIB, el consumo y el nivel de vida.
La defensa oficialista es contrafáctica y, por tanto, indemostrable: sin el ajuste, el deterioro social habría sido mucho mayor. También se sostiene que buena parte del aumento de la pobreza se explica por el desmantelamiento del empleo público y de los subsidios, es decir, por gente que deja de figurar como ocupada o deja de cobrar una transferencia. En economía, los escenarios que no ocurrieron no se miden.
El 90% de los impuestos: qué significa exactamente
El anuncio estrella de la segunda fase es fiscal, y aquí conviene precisar porque la diferencia no es menor. La promesa es
reducir el 90% de los impuestos, no reducir los impuestos un 90%. Es decir, afecta al número de tributos sobre los que se interviene, no a la recaudación en esa proporción. Con una maraña normativa como la argentina, recortar figuras administrativas puede tener más de cosmético que de alivio efectivo en el bolsillo.
El margen, además, es estrecho. Mantener el
superávit público es la condición que sostiene la confianza de los mercados en las finanzas argentinas, y el propio Gobierno lo admite cuando habla de cautela. Bajar impuestos sin tocar el gasto es fácil de anunciar y muy difícil de sostener en el tiempo.
Alquileres: 50% menos de precio y 170% más de oferta
Entre las medidas de desregulación, la liberalización del mercado de alquileres es la que mejor dato exhibe. Los números que se manejan apuntan a una
caída del 50% en los precios del alquiler y un
170% de aumento de la oferta de viviendas. Si se sostiene, contradice una de las creencias más asentadas entre los reguladores: que intervenir el precio es la forma de proteger al inquilino. Aquí, quitando el tope, bajó el precio y apareció vivienda.
El peso, los bonos y los dólares que se marchan
El frente financiero cambió de humor. Los bonos soberanos argentinos se han triplicado desde la llegada de Milei y el interés que pagan en el mercado ha caído con fuerza. El peso, al que el propio presidente había llamado
excremento en campaña, se fortaleció en el mercado informal hasta cotizar, durante unas horas, por encima del oficial, algo que los manuales no contemplan.
No todo va en la misma dirección. Los depósitos en dólares han vuelto a caer: en cuatro meses se fue casi el
20% del efectivo que había entrado con el blanqueo. Y los bancos regresan a la timba corta: vuelven a comprar LEFI y el stock alcanza máximos. La dolarización plena, en cualquier caso, sigue sin mayoría parlamentaria y con dudas sobre su encaje constitucional.
Dos experimentos latinoamericanos y el eco en Europa
Mientras Argentina ajusta, El Salvador de Nayib Bukele aparece como el otro caso que la ortodoxia daba por fracasado y que ha terminado funcionando en los indicadores. La comparación incomoda en Berlín, donde el líder liberal Christian Lindner ha reorientado su partido hacia ese guion después de romper la coalición con socialdemócratas y verdes, y donde buena parte de la prensa despacha el giro con el mismo argumentario que se lanzó contra Milei.
El cierre es aritmética de calendario. Argentina acumula décadas de desastre y nadie serio sostiene que eso se arregle en un mandato: algunos cálculos hablan de que harán falta ocho años. La inflación ha caído, el déficit se ha cerrado y la economía vuelve a crecer. Que eso se traduzca en menos pobres es la parte que todavía no está firmada por nadie.