La conspiración del despoblamiento: cuando el miedo económico se viste de ciencia
La tesis de que existe un plan deliberado para reducir la población mundial de 7.500 millones de personas ha encontrado en el malestar postpandémico un caldo de cultivo. El relato se alimenta de vacunas que supuestamente contienen grafeno, capaz de coagular la sangre y de responder a frecuencias que matan a distancia. No falta la vuelta de la mili, la paralización de la
vivienda o el aumento de bunkers como “pruebas” de un exterminio planificado.
En el terreno económico, el discurso conecta con la ruina del sector primario y la
industria, la “invasión” de población extranjera en edad militar y una tercera
guerra mundial con bandos ya formados. Se llega a citar la cifra de 150.000 muertos en España durante la gestión de la COVID como un ensayo.
Pero no todo es adhesión: las réplicas van desde el sarcasmo (“confía en el plan”) hasta la prudencia de quien recuerda que el plan tiene demasiadas variables para salir como se espera. Hay incluso quien echa mano de la historia: 800 años de guerra no acabaron con el país.
El debate se queda sin resolver: unos sostienen que la conspiración va lenta, otros que no hay pruebas, y una tercera vía apunta que quizá el problema no sea un plan, sino la falta de un chiringo para repartir el pesimismo.