El choque entre progresismo y ciencia abre un debate
Un titular de portada que afirma que el progresismo está destruyendo la
ciencia basta para que en menos de un párrafo el personal se lance a la yugular. La discusión arranca con una entrevista a Roxana Kreimer y deriva en una refriega donde se mezclan la religión, el wokismo, los sindicatos y la decadencia de Occidente. Lo llamativo no es que haya opiniones enfrentadas, sino que casi nadie se molesta en definir qué es exactamente eso del progresismo ni qué evidencia lo respalda.
Qué se discute cuando se discute sobre progresismo y ciencia
El punto de partida es una entrevista a Roxana Kreimer, filósofa y divulgadora argentina. A partir de ahí, la conversación se bifurca. Por un lado están los que sostienen que la ciencia está siendo atacada desde el ámbito progresista, con argumentos que van desde la ideologización de las universidades hasta la censura de determinados temas. Por otro, quienes señalan que el enemigo real es otro: las religiones, las iglesias y, en general, cualquier pensamiento dogmático.
La iglesia y los progres los mayores enemigos de la ciencia, resume uno de los mensajes más repetidos.
La discusión se encona cuando se introduce el término
wokismo. Para una parte de los intervinientes, el wokismo es una ideología totalitaria que, como todas, acaba por sofocar la libertad de pensamiento y, con ella, la ciencia. Se acusa a los periodistas de ser los primeros en reclamar censura para proteger a la infancia o a las minorías, lo que a su juicio demuestra que el problema no es solo académico. Otros, en cambio, apuntan en dirección contraria:
las dos caras del nwo (wokes y tradicionalistas/conservadores) siempre van contra el progreso científico.
El papel histórico de la Iglesia en la ciencia
Uno de los frentes más activos es el que enfrenta a quienes consideran que la religión ha sido un lastre para la ciencia con quienes defienden lo contrario. Un mensaje muy repetido enumera las universidades católicas que hoy siguen funcionando en España: Pontificia de Salamanca, Comillas, Navarra, Deusto, Católica de Ávila, Católica de Murcia, Católica de Valencia, San Pablo CEU, Abat Oliva CEU, Cardenal Herrera CEU, Ramón Llull, Francisco de Vitoria. La lista se corta, pero la intención es clara: mostrar que la Iglesia no solo no frenó la ciencia, sino que la financió y la conservó durante siglos.
La réplica no se hace esperar. Se recuerda que las religiones siempre estuvieron en contra de la ciencia, con el caso más famoso de los antievolucionistas. Y se añade un matiz lingüístico: la palabra
iglesia deriva del griego
ekklesia, que significaba asamblea política de ciudadanos, antes de que los cristianos se apropiaran del término. La discusión deriva hacia si el Dios bíblico es un personaje literario antipático o si, por el contrario, la religión ha sido la base de la civilización occidental.
Sin religión y sin las universidades que crearon los religiosos en Sudamérica, los tiraflechas como tú estaríais aún en taparrabos, suelta un interviniente.
La decadencia como marco general
Más allá del choque entre ciencia y religión, late una idea más amplia: la de que Occidente está en declive.
Toda civilización tiene su auge, punto álgido, declive y desaparición, estamos en pleno declive y en caída libre, sentencia un mensaje. La tesis se refuerza con la sospecha de que ese declive no es natural, sino intencionado:
los imperios no caen así por qué sí. Se generan decadencias, se tiran, y se revientan.
En ese contexto, la ciencia sería una víctima más de un proceso más amplio de degradación. Se menciona la caída de las inscripciones en los conservatorios como síntoma de un cambio cultural que prima lo inmediato sobre el esfuerzo. La anécdota, contada con sorna, sirve para ilustrar que el problema no es solo político, sino también educativo y de valores.
Se premia la holgazanería y la inutilidad, resume otro mensaje.
El frente común contra el pensamiento dogmático
A pesar de las diferencias, hay un punto de acuerdo: el enemigo no es la ciencia, sino el dogmatismo. Sea religioso o ideológico, el pensamiento que se niega a ser refutado es el que acaba por frenar el avance científico.
Todas las religiones en general tienen a la ciencia como su mayor adversario ya que ésta va refutando todas sus creencias y supercherías, se afirma. Y en paralelo, se acusa al progresismo de haber construido su propio sistema de creencias incuestionables.
La discusión sigue sin cerrarse. No hay datos concluyentes sobre si el progresismo está destruyendo la ciencia, ni sobre si la religión fue su principal aliada o su principal obstáculo. Lo único claro es que el personal sigue tirándose los trastos a la cabeza. ¿Alguien esperaba otra cosa?