El gas cae un 93% desde el cierre de Nord Stream y se queda en 38 €
¿Se puede pasar del apocalipsis energético al gas de saldo en nueve meses? El precio en el mercado ibérico ronda los
34 €/MWh, niveles que no se veían desde 2020, y el TTF holandés —la referencia europea— cotiza alrededor de
38. La caída desde el cierre de Nord Stream supera el 90%. Quien renegoció su contrato de suministro con la referencia marcando
350 €/MWh paga hoy un precio que el mercado dejó atrás hace meses. El dato es indiscutible. Lo que se discute es para quién.
Por qué se ha hundido el precio del gas en España
La explicación que circula tiene cuatro patas y ninguna es mágica. La primera es el clima: un otoño templado retrasa la demanda de calefacción. La segunda, la cadena de suministro, ya adaptada a operar sin el proveedor ruso tras los meses de incertidumbre que sí cotizaron en el mercado. La tercera es física: hay
más barcos de gas natural licuado de los que las plantas pueden procesar. La cuarta, la demanda: particulares y empresas han recortado consumo, y las reservas europeas están por encima del
90%.
El efecto combinado es un mercado inundado que empuja el precio a mínimos de tres años. En Francia el gas intradía llegó a marcar
12,5 €/MWh. Con el almacenamiento lleno y la temporada de compras cerrada, hay quien compara la situación con el petróleo a cero dólares de 2020. La diferencia, avisan otros, es que aquello fue un accidente de una semana y esto puede ser la calma antes de la tormenta.
¿Ha bajado ya la factura de la calefacción?
No. El precio mayorista no es el precio que se paga en casa, y la tarifa regulada lo demuestra. La TUR2, la más común en los hogares españoles, pasó de
4,52 a 6,75 entre el primer trimestre de 2022 y el cuarto, una subida superior al 58%. Traducido a euros: un invierno de 193 euros se convierte en más de 300 con un consumo similar. Y no baja porque el mecanismo de revisión va con retraso: cuando el mercado mayorista se hunda, la tarifa tardará en reflejarlo.
Hay casos más rotundos. Una comunidad de vecinos con caldera central ha visto triplicarse el precio del gas, además de recortes de horario, con la caldera apagada a las 22:00. Un empresario relata que su factura eléctrica pasó de 19.000 euros a 59.000 en un solo mes. El desfase entre el titular y el recibo es el eje de todo el malestar.
La industria que se apagó antes de que llegara el gas barato
El descenso del consumo que ayuda a hundir el precio no es solo virtud doméstica. Es también destrucción de demanda. Las azulejeras de Castellón han recortado turnos, los fabricantes de fertilizantes han parado plantas y los productores de nitratos arrastran almacenes llenos: la competencia rusa ha eludido las sanciones vía terceros países y ha tirado los precios internacionales.
Un empresario lo cuenta sin adornos: cerró dos de sus tres sectores productivos, despidió a un tercio de la plantilla y recortó gastos más de un 30%. En septiembre su factura ya había bajado a la mitad. También su cifra de negocio. Ese es el truco incómodo del dato: parte del desplome del precio se explica porque
alguien dejó de comprar.
Dónde está Rusia en esta ecuación
La foto del suministro ha cambiado en meses. En enero de 2022, la mitad del gas consumido en Europa era ruso; en julio ya era menos de una cuarta parte, y hoy la compra es anecdótica. Los ganadores del reemplazo tienen nombre: Estados Unidos y Noruega, con el gas licuado americano ganando cuota.
Hay quien lee el desplome como la puntilla al relato que auguraba inviernos de frío y hambre. Y hay quien, con los datos delante, señala la otra cara: industria deslocalizada, empresas renegociando contratos a ciegas y una dependencia que solo cambió de proveedor. La incertidumbre que se descontaba —el corte, el chantaje, la guerra— ya no cotiza. El resto de la factura sigue ahí.
Qué dicen los que dudan del rally bajista
El consenso no es total. Una parte sostiene que esto es estacional: sin temporada de calefacción y con los depósitos al tope, el precio cae por pura inercia, y volverá a subir cuando llegue el frío y los almacenes empiecen a vaciarse. Otros apuntan a un motivo menos amable: la caída sería el reflejo de que la economía europea se enfría más rápido que el clima.
Está también quien desconfía del propio indicador. El precio mayorista se usa como titular, pero el consumidor solo ve el recibo, y el recibo tardará. Mientras el mercado celebra los 34 euros, la caldera de casa sigue quemando gas comprado caro. El detalle que descoloca: los contratos a plazo para todo 2023 se ofrecen a 40 €/MWh, por encima del spot actual. El mercado, que no suele regalar nada, ya está poniendo precio al invierno siguiente.
El gas a precios de 2020 es una gran noticia. Solo falta encontrar a alguien dispuesto a bajar la calefacción de 2020 y que le llegue la factura de 2020.