El presidente del CIS se declara comprometido y enciende la polémica
¿Puede el máximo responsable de las estadísticas públicas declararse comprometido con un partido y seguir al frente? La pregunta ya no es retórica. El 17 de agosto de 2026, José Félix Tezanos, presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), organismo financiado con el dinero de todos los contribuyentes, se ha proclamado «comprometido» con el proyecto de Pedro Sánchez y ha llamado a no «rendirse» ante lo que define como «las derechas nostálgicas del pasado». La declaración, recogida por La Voz de Galicia, ha reabierto la controversia sobre la independencia real de un órgano que debería medir la opinión pública, no orientarla.
Un historial militante que incomoda
Tezanos no es un recién llegado. Militante del PSOE desde 1973, fundó en ese mismo año la Revista Sistema y constituyó en 1981 la Fundación Sistema, su plataforma de influencia intelectual. Estas siglas juntas dibujan una trayectoria ligada al pensamiento socialista que difícilmente encaja con la neutralidad exigible a quien dirige el principal centro de sondeos del Estado. De hecho, el sociólogo cumplió en agosto de 2026 ochenta años, edad a la que muchos ya se han jubilado; él sigue en el frente, y no precisamente en el papel de árbitro imparcial.
Críticas y la paradoja de la derecha
Las reacciones no se han hecho esperar: hay quien sostiene que declaraciones como esta deberían forzar su dimisión inmediata, recordando además que el PP mantuvo a Tezanos en el cargo durante su etapa de Gobierno — una pasividad que, a ojos de los críticos, desarma cualquier reproche posterior. En el lado opuesto, un análisis más cínico considera que la proclamación es racional: la derecha no actúa contra los suyos ni mueve ficha en el reparto de poder institucional. «Si proclamara lo contrario, la izquierda se lo come», resumen algunos observadores.
Lo curioso de todo el asunto no es que Tezanos diga lo que piensa. Es que ni quienes pagan su sueldo ni quienes se quejan parecen dispuestos a mover un dedo. La neutralidad institucional, en España, también ha pasado a la historia.