Calor o privilegio: por qué quitarse la camiseta se ha vuelto un problema social
Una paradoja veraniega: en la playa el torso desnudo es lo normal, pero en la calle provoca un debate que mezcla temperaturas, privilegio masculino y ordenanzas municipales. El artículo de Marita Alonso en El País, publicado el 10 de junio de 2026, plantea si la proliferación de hombres sin camiseta en espacios públicos es solo una cuestión de calor o un síntoma de un privilegio que merece regulación. La nueva Ordenanza de Convivencia de Barcelona ha puesto el foco en el asunto, estableciendo límites a la desnudez parcial en la vía pública.
¿Normalización o machismo?
Mientras unos ven en la camiseta quitada una expresión de libertad y adaptación al clima, otros señalan que las mujeres no gozan de esa misma permisividad social. La crítica se centra en la asimetría: ellas soportan miradas y juicios si muestran demasiada piel, mientras que los hombres pueden pasear sin camiseta sin apenas reproche. La discusión no es nueva, pero la ordenanza barcelonesa ha dado un marco normativo a una reivindicación que muchos consideran una batalla perdida contra el calor y el sentido común.
Doble vara y reacciones airadas
La reacción no se ha hecho esperar. Hay quien considera el debate una preocupación de primer mundo y acusa a los medios de imponer obsesiones triviales. También emerge un contraste: los mismos que critican el torso desnudo masculino toleran otras transgresiones en la vestimenta femenina. La hipocresía y las dobles varas salpican un debate que, más allá del calor, refleja tensiones sociales sobre el cuerpo, el género y el espacio público.
Con la llegada del verano y las temperaturas al alza, la cuestión promete seguir dando calor. Mientras tanto, la ordenanza ya está en vigor y los torsos al aire, también.
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