Multas de 750 euros por ir sin camiseta: entre el civismo y la recaudación
Con el verano y las olas de calor, varios ayuntamientos españoles han endurecido las ordenanzas contra pasear con el torso desnudo. Las sanciones alcanzan los 750 euros, una cifra que ha encendido el debate. La medida, presentada como un impulso al civismo y a la imagen urbana, choca con la realidad de un país donde las temperaturas no dan tregua y donde, según sus críticos, la aplicación es desigual.
La iniciativa, impulsada por algunos gobiernos locales, busca acabar con la «mala imagen» que, según el relato oficial, dan los turistas y residentes que deambulan sin camiseta por calles y paseos marítimos. Se acabó la barra libre imperante, dicen. Pero el timing levanta sospechas: justo cuando las olas de calor son más frecuentes, se penaliza una medida de alivio térmico. Además, se señala que mientras los hombres son multados por mostrar el torso, las mujeres pueden llevar tops o sujetadores deportivos sin consecuencias. La pregunta que flota es si se trata de una verdadera apuesta por la convivencia o de una herramienta recaudatoria más.
La polémica no se queda ahí. Hay quien recuerda que, en ciudades como Madrid, la policía mira hacia otro lado cuando se trata de otras infracciones, pero no duda en multar a un hombre blanco con trabajo por quitarse la camiseta. La doble vara de medir se convierte en el eje central de las críticas: «Esto no es civismo, es control enfermizo y ganas de sacar dinero», resumen algunos análisis. La posibilidad de recurrir a la vía administrativa o de simplemente «pasarse la ley por el forro» —como sugieren voces más heterodoxas— parece el último recurso.
Mientras, el ciudadano de a pie se pregunta: si no tengo para una camiseta, ¿qué hago? La respuesta, por ahora, es mantener la prenda puesta o arriesgarse a una multa de 750 euros que, para muchos, es más una amenaza que un incentivo al civismo.