Rex contra princeps: lo que revelan dos diplomas de 660 y 812
En 660, un notario de la corte de Toledo redacta una donación del rey Recesvinto a una iglesia. En 812, otro notario, en Oviedo, pone por escrito el acta fundacional de San Salvador. Siglo y medio de distancia, dos cortes, un reino extinguido y otro en construcción. Y, sin embargo, la
invocatio, la
sanctio y la arquitectura del documento son las mismas. Esa coincidencia sostiene la tesis de que el
reino de Asturias heredó la tradición jurídica y documental del
reino de Toledo, y no la inventó de la nada.
Qué es la diplomática y qué compara en estos dos diplomas
La diplomática es una ciencia auxiliar de la Historia que estudia los documentos jurídicos, administrativos y económicos: contenido, autenticidad y proceso de elaboración. Aplicada a dos documentos oficiales separados por más de un siglo, permite comparar pieza por pieza. La invocatio es idéntica. No se trata de una fórmula genérica: es la invocatio típica visigoda, no la carolingia, que suele añadir más fórmulas trinitarias.
Lo mismo ocurre con la sanctio, las condenas espirituales y el anatema, donde las fórmulas aparecen prácticamente calcadas. La
expositio —la motivación— repite la misma lógica: salvación del alma del rey, protección divina, unidad del reino cristiano. En la dispositio, la donación de bienes, la comparación muestra un Toledo con administración madura y términos técnicos frente a un Oviedo que hereda las fórmulas pero las simplifica. No es ignorancia: es capacidad limitada.
Rex frente a princeps: la palabra que cambia todo
Aquí está el detalle que más ampollas levanta. Los reyes visigodos firman como
rex. Alfonso II lo hace como
princeps. Una parte del análisis sostiene que esa diferencia deslegitima la continuidad entera: si no se llamaban reyes, no eran herederos.
La lectura alternativa es menos dramática. Hay quien argumenta que no asumieron el título de Rex porque eran conscientes de que controlaban una parte mínima del antiguo reino de Toledo y existían otros cristianos que podían no reconocerlo. El princeps es, además, un término romano-visigodo. Reyes de Toledo como Chindasvinto, Recesvinto o Leovigildo aparecen también en documentos bajo esa denominación, lo que rebaja el supuesto valor de la palabra. A mediados del siglo IX, confirmada Asturias como estado, el título de Rex volvió.
¿Herencia legítima o relato para legitimar la expansión?
La objeción de fondo no es filológica, sino política. Se sostiene que autoproclamarse herederos del reino de Toledo no implica serlo, sino que era un relato conveniente para legitimar la expansión territorial de unos reinos. El mismo mecanismo con el que los visigodos habían adoptado el derecho romano para consolidar su poder.
La contra es que la continuidad documental no necesita intención. La única forma de que un escriba de Oviedo en 812 use las mismas fórmulas que uno de Toledo en 660 es que alguien con ese oficio y esa formación estuviera allí para transmitirlo. Continuidad de élites, no traslado masivo de población. La idea de un pueblo godo entero emigrando al norte tras la invasión musulmana no se sostiene; sí se sostiene que parte de la aristocracia y del personal administrativo se replegó y siguió escribiendo igual.
Las fortificaciones del siglo VIII que apuntalan la tesis
El debate no es solo de pergaminos. El estudio de las fortificaciones en las cumbres de la cordillera Cantábrica ha aportado datos. Los análisis de C-14 de materiales orgánicos en dos de ellas, el Homón de Faro (La Carisa) y El Muro (La Mesa), sitúan la mayoría de los restos en el siglo VIII. La entidad y la calidad de esas defensas apuntan a una entidad política organizada detrás.
Hay además indicios de material cerámico del siglo V y de reutilización: la hipótesis es que los cristianos de Asturias repararon defensas que ya existían. Y una teoría más antigua, sin fuente confirmada, sugiere que la Legio VII Gemina estacionada en León en el 395 huyó a Asturias en el 409 con la invasión de vándalos, suevos y alanos.
El último rey godo resistió hasta el 726
Un dato poco citado: Ardón resistió en Septimania hasta el 726. Es decir, seguía siendo rey de los godos cuando Pelayo fue proclamado, en 718 o 722. Su vecino, el duque Pedro de Cantabria, seguramente seguía reconociendo a Ardón como rey. Si Pelayo necesitaba su alianza, no podía autoproclamarse rex sin prolongar una guerra civil en plena invasión. De ahí, según esta lectura, el princeps.
Queda una pregunta que el análisis no cierra: ¿por qué dos notarios separados por siglo y medio escriben con la misma fórmula jurídica y el mismo tipo de letra visigótica? Se puede responder con el relato, con la legitimación interesada o con la transmisión de un oficio. Ninguna de las tres explica del todo lo mismo: que el reino que se reconstruía en el norte escribía exactamente igual que el que acababa de desaparecer en el sur.