El robo de los nombres de hombre: de Madison a Taylor
Madison era un nombre de hombre. En 1984 un guionista se lo puso a una sirena y Daryl Hannah salió del agua en «Splash» con un nombre que hasta ese momento se reservaba a los varones. Hoy Madison es casi exclusivo de niñas: en 2001 alcanzó el segundo puesto de los nombres femeninos más populares en Estados Unidos. El caso es el más extremo, pero no el único. El mismo patrón se repite con Ashley, Meredith, Leslie, Aubrey y, en menor medida, Taylor. La dirección, en todos ellos, es siempre la misma: del masculino al femenino.
El mecanismo que convierte un nombre de hombre en femenino
No hay conspiración. Hay industria cultural. Cuando una actriz, un personaje de televisión o una canción popularizan un nombre en clave femenina, los padres lo adoptan para sus hijas, se alcanza la masa crítica y el nombre cruza la frontera del género para no volver. La etimología no pinta nada: Madison significa «descendiente de Matilde», y Matilde, «poderosa guerrera». Da igual. La película pesa más que el diccionario.
Aubrey siguió el mismo camino por otra vía. En 1973 el grupo Bread publicó una canción con ese título, entendida como dirigida a una muyer, y el nombre quedó marcado. De origen germánico y traducible como «rey de los elfos», hoy apenas se pone a niños. Lo curioso es que el rapero más escuchado del planeta se sigue llamando Aubrey en su pasaporte.
Los casos: Shirley, Morgan y Taylor
El patrón es anterior a Hollywood. Shirley nació como nombre de varón y Charlotte Brontë lo puso en circulación para sus lectoras. Pero el golpe definitivo lo dio Shirley Temple en los años treinta: no quedó familia con una niña a la que no quisieran llamar Shirley. Morgan vivió una operación equivalente por la puerta del espectáculo: ante la ausencia de actrices con ese nombre, se le adjudicó a una como nombre artístico —su DNI decía otra cosa— y los culebrones de máxima audiencia hicieron el resto.
Taylor tiene su propio episodio documentado. En 1990, un serial estadounidense introdujo a una doctora llamada Taylor Hayes, atractiva, inteligente y exitosa. El nombre pasó de ser prácticamente inexistente entre niñas en 1980 a colarse en el top diez femenino estadounidense a mediados de la década. En España, según el INE, hay 244 hombres y 50 muyer llamados Taylor: el saldo aún va del lado masculino.
El asterisco español: el género gramatical como blindaje
En castellano el mecanismo tropieza con un obstáculo que el inglés no tiene: la gramática. Pepe se transforma en Pepa, Juan en Juana, y el idioma resuelve la dualidad sin canibalizar el nombre original. De ahí que los clásicos masculinos españoles aguanten mejor el empuje.
No es una coraza perfecta, sin embargo. En Hispanoamérica Guadalupe, Trinidad, Cruz y Rosario funcionan como nombres de hombre, mientras aquí se leen en femenino. Montserrat —cuyo femenino formal sería Montserrata— conserva hoy solo 33 varones registrados en España. Y Consuelo, documentado como nombre de hombre en Cazorla por devoción al Cristo del Consuelo, es inequívocamente femenino en el resto del país.
La asimetría: por qué nunca ocurre al revés
Aquí está el punto que sostiene todo el asunto. La transferencia tiene una sola dirección. Los nombres de muyer no migran al registro masculino: no existe un movimiento equivalente de padres que bauticen a sus descendientes Ana o María porque una estrella las haya popularizado. Una vez que un nombre se ha inclinado con fuerza hacia el lado femenino, está perecid para los varones. No hay caso documentado de resurrección.
O casi. El nombre de muyer que se cruza al masculino es una rareza estadística. Solange, con 522 personas registradas en España según el INE, no cuenta con un solo varón. La versión francesa de «solemne» suena, en boca de un hombre, a casi una provocación. Nadie ha probado a ponerla.
El dato que descoloca
Taylor Lautner, el hombre lobo de una saga juvenil, se casó con una muyer llamada Taylor Dome y ahora los dos se llaman igual tras el cambio de apellidos. En España el nombre sigue siendo mayoritariamente masculino: 244 hombres frente a 50 muyer. Pero el patrón Madison avisa de que eso puede ser solo cuestión de tiempo.