El rublo recupera terreno frente al euro: de 76 a 64 en semanas
El 20 de mayo el euro se cambiaba a 64 rublos. Unas semanas antes, cuando arrancó el seguimiento de esta paridad, estaba en 76. Entre medias, un reguero de actualizaciones —72 el 3 de mayo, 70 el 4, 69 el 5, 67 el 13— que dibujaban a la moneda rusa recuperándose frente al euro justo cuando media Europa apostaba a su desplome, y al euro cayendo a mínimos de dos décadas frente al dólar. Un recorrido superior al 15% que ha dejado de ser un dato de mercado para convertirse en
marcador de guerra.
De 76 a 64 rublos por euro: qué sostiene la subida
La explicación que se repite en el bando que da por ganador a Moscú no pasa por los mercados, sino por la soberanía. Rusia es un país soberano y una superpotencia militar, y eso le permite fijar reglas que a otros les costarían un serio disgusto: cobrar en rublos sus exportaciones imprescindibles, anclar la moneda al oro —un gramo del metal por
5.000 rublos— y obligar a quien quiera comprar sus productos a hacerse con rublos fuera del mercado de divisas, directamente en el banco central.
De ahí sale la tesis fuerte: si Rusia no acepta euros ni dólares a cambio de lo que Occidente necesita, el tipo de cambio que fijen las mesas de Londres o Nueva York importa poco. El precio lo pone quien tiene el gas. La estampa de esos días se completa con otra escena: cuentas en rublos abiertas para pagarlo todo en rublos.
Suena redondo. Y es discutible.
Inflación al 17% y tipos al 17%: el precio de la jugada
La otra mitad del cuadro no discute la subida; discute a cuánto se ha comprado. La inflación interanual rusa se aceleró en una sola semana hasta el
16,7%, el nivel más alto desde 2002. Y la comparación sale sola: un 17% de inflación con tipos al 17% en Rusia frente al 8% de inflación con unos tipos que en la eurozona seguían pegados al cero.
El argumento que se lanza al otro lado es de manual: mejor un tipo real del 0% que uno real negativo del 8%. Que Rusia pueda encarecer el dinero sería una ventaja, no una condena. La contrarréplica también es de manual, y más incómoda: subir los tipos al 17% es exactamente lo que hace un banco central cuando la moneda se le escapa de las manos, no cuando quiere celebrarlo. Y de fondo, la cifra que se pone encima de la mesa: unos
15 puntos de poder adquisitivo ganados en Rusia frente a esa misma cifra, pero en negativo, para el ciudadano europeo.
¿Puede un ciudadano ruso aprovechar la subida del rublo?
No, en la práctica, según se argumenta en el hilo. La revalorización dispara el poder adquisitivo teórico de quien tiene rublos, pero los controles de capital aprobados por Moscú impedirían al ciudadano corriente adquirir euros. Y hay quien ironiza con que el billete de
5 rublos vale menos de 5 céntimos de euro: si el tipo aguanta, el ruso medio podrá comprar más barato... siempre que no pretenda salir de su propio mercado.
Según sostiene esa lectura, quien sí puede operar en las dos monedas —y arbitrar entre ellas— es el inversor institucional, sobre todo grandes fondos británicos y estadounidenses que llevan desde el primer día moviéndose en rublos. El beneficio del tipo de cambio, si llega, se cobra lejos de Moscú. El detalle que lo confirma es operativo y casi cómico: quien ha intentado comprar rublos desde Occidente se ha encontrado con el par dólar-rublo bloqueado en su bróker, un
market closed que convive, sin sonrojo, con un tipo oficial publicado cada mañana.
El rublo ya venía hundido: la letra pequeña de 2014
Aquí aparece el matiz que rebaja la euforia. El rublo empezó a desangrarse en 2014, cuando las sanciones lo dejaron temblando, y buena parte del recorrido actual es un
rebote desde un suelo muy profundo. Medir una subida de pocas semanas sin esa perspectiva es, se argumenta, confundir un máximo local con una tendencia. Y hay quien lo dice con la calculadora en la mano: pasar de ganar un euro al mes a ganar dos es un aumento del 200% y sigue siendo una miseria.
El aviso llegó pronto. En agosto el dólar volvía a cambiarse por encima de los
96 rublos, muy lejos del 66 de principios de mayo. Quien veía en el 64 una victoria estructural tenía ahí su primer correctivo.
El argumento que gana siempre: rublo barato, rublo caro
Hay una disyuntiva que resume el tono de todo el asunto. Si el rublo está barato, la industria rusa exporta a precios imbatibles. Si está caro, Rusia compra fuera a mejor precio. En las dos casillas, la conclusión es la misma. El razonamiento se aplica igual al relato inverso: nadie concibe un escenario en el que la jugada salga mal.
Ese esquema tiene un problema de falsabilidad evidente, pero explica por qué el tipo de cambio se ha convertido en el terreno donde cada bando coloca su marcador. Y también por qué el debate se ha desplazado: ya no se discute quién va ganando la guerra, sino quién soporta peor la factura.
Rusia debe 1.772 euros por habitante; España, 32.375
El terreno donde la comparación escuece es el de la deuda. Los números que circulan son contundentes: Rusia acumula
255.488 millones de euros de deuda pública entre 144,1 millones de habitantes, lo que arroja 1.772 euros por cabeza. España suma 1.533.000 millones entre 47,35 millones de habitantes:
32.375 euros por persona. Curiosa manera de repartir la etiqueta de país pobre.
El contrapunto no tarda y es igual de duro: la deuda importa, y mucho, cuando el BCE deja de comprar deuda soberana. La advertencia se hace con precedente griego en la mano y tono apocalíptico sobre las generaciones que vienen.
El otro dato: PIB estadounidense en negativo y tipos europeos sin margen
Mientras se discute el rublo, el dato que se cuela en la conversación es el de la primera economía del mundo: el PIB estadounidense cayó un
-1,4% en el último trimestre frente al +1,1% que se esperaba, con un 8% de inflación interanual y los tipos a casi cero. La expresión que se usa es
estanflación de caballo.
En la eurozona, el BCE había anunciado subidas que a esas alturas seguían sin ejecutarse, y el euríbor —el tipo al que los bancos europeos se prestan dinero entre ellos— cotizaba en el suelo. Quien mira su cesta de la compra, la gasolina y la factura de la luz no necesita que le traduzcan el dato.
Y queda la pregunta incómoda. Si el banco central ruso se ha visto obligado a llevar los tipos del 8,5% al 12%, la medicina clásica contra la devaluación, ¿por qué se celebra como victoria una moneda cuyo emisor se aprieta el cinturón para que no se le caiga?