El menú de McDonald's ya no es barato ni en Estados Unidos
Un menú de comida rápida que en España cuesta más que un menú del día en cualquier bar de polígono. Esa es la escena que resume el malestar: la comida basura ha dejado de ser la opción barata y ha pasado a ser un gasto que muchas familias ya no se permiten. La queja no es aislada. En Estados Unidos, sostiene una parte del análisis, el deterioro del poder de compra se cruza con cifras de personas sin hogar, dificultades para acceder a la vivienda y una crisis de adicciones que ya no se esconde. El símbolo elegido es McDonald's: si el buque insignia del consumo popular se tambalea, el resto del casco también cruje.
Qué ha pasado con McDonald's y por qué se discute su valor
La acción cotiza en torno a
288 dólares cuando hace una década rondaba los
90. El dato lo aporta un participante que reconoce no ser experto en análisis técnico, pero que sí detecta un patrón: en los últimos dos años el valor se ha mantenido lateral y parece dibujar un
triple techo en los 300 dólares, figura que, según esa lectura, podría anticipar caídas. La interpretación contraria es que el modelo de negocio no depende de la hamburguesa, sino del inmobiliario: la compañía alquila los locales a sus franquiciados, y su negocio en Estados Unidos es pequeño comparado con el resto del mundo.
Ahí está el nudo. Si las cuentas trimestrales muestran debilidad, la cotización puede caer a plomo, sostiene otra intervención. Y si el producto no encaja con la demanda, las franquicias que pagan el alquiler cada mes pueden cerrar: el franquiciador se queda sin canon por ventas y sin renta del local. La mayoría de los inmuebles son automacenes situados donde Cristo perdió las sandalias, locales que solo valen para una hamburguesería y no tienen otra salida comercial.
El precio del menú: de la comida barata al lujo esporádico
La comparación histórica es contundente. En España, a principios de los años 80, una hamburguesería local cobraba entre
60 y 90 pesetas por una hamburguesa y una bebida no subía de
70 u 80 pesetas. Un menú de McDonald's no bajaba de
300 o 400 pesetas, más del doble. Nunca fue barato aquí: era producto de clase media, de fin de semana, ligado al ocio. Muchos locales fracasaron y cerraron.
En Estados Unidos el relato era otro. Comer fuera era increíblemente barato hace años; hoy el disparate de precio es la norma. A eso se suma la calidad: en cuatro hamburguesas se junta un centímetro de grosor de carne. La técnica de la oblea, ironizan. El resultado es que un menú mierdoso cuesta más que un menú del día en cualquier bar de polígono.
¿Es McDonald's el termómetro de la economía estadounidense?
El paralelismo que se lanza es explícito: si El Corte Inglés quebrara, sería el hundimiento simbólico de la economía española. ¿Qué simbolismo tendría la caída de McDonald's para una economía estadounidense que hace aguas? La pregunta queda abierta. Lo que sí se apunta es que la sostenibilidad del valor no depende de los resultados, sino de que alguien lo sostenga: se pone el ejemplo de Boeing, perdiendo mil millones por trimestre y con una caída relativamente contenida para su situación.
La burbuja bursátil general es la explicación que gana peso: si las cuentas se deterioran, las cotizaciones deberían estar bastante por debajo. Que no lo estén se lee como señal de que el mercado no descuenta el deterioro operativo. Y Goldman Sachs, según el material, planea despedir entre
1.300 y 1.800 trabajadores, lo que refuerza la tesis del ajuste.
El consumo se agrieta y el dólar se cuestiona
El hilo deriva hacia el marco macro. Se afirma que la Reserva Federal sostiene el castillo de cartas y que se está quedando sin municiones. Se pregunta si hay apuestas para el debut de una segunda guerra civil en Estados Unidos. Y se plantea la desobediencia al
dólar como palanca: si los países dejan de someterse a la moneda, se acabarían, dice esa corriente, las pandemias y muchas guerras del planeta.
La desdolarización se presenta como clave. Los países que no quieren someterse a las sanciones económicas a través del dólar buscan alternativas. El valor real del dólar, se argumenta, se aproxima alarmantemente a la imagen de la moneda depreciada. En paralelo, se describe un empobrecimiento de Alemania por la vía energética: intercambiar un perrito caliente por un Porsche, un Mercedes o un BMW.
Trabajo, salario y el relato del esfuerzo
El otro eje es el laboral. Se sostiene que en Estados Unidos, si no tienes dinero, te tratan como un saco de mierda, y que el capitalismo radical se exporta por todo el planeta. La raíz del estrés laboral no se cuenta en televisión, se dice: los empresarios creen que por pagarte tienen derecho a tratarte así. Frente a eso, la réplica clásica: nunca ha habido menos pobres que ahora, el ascensor social funciona y las sociedades que intentaron el reparto equitativo acabaron en la ruina. El choque entre ambas corrientes atraviesa todo el intercambio.
La discusión se encona cuando se define qué es trabajar. Recoger fruta, reparar un coche, pescar de noche, construir casas: eso es trabajar. Cantar, jugar al fútbol, actuar o hacer política, no. La conclusión que se extrae es que el sistema permite que cuatro sinvergüenzas se lleven la parte grande mientras la clase trabajadora carga con el resto.
El cierre: la hipótesis del derrumbe silencioso
El resumen más sobrio del hilo no habla de hamburguesas. Habla de acumulación de pequeños desbarajustes en Occidente, de un precio de menú que parece de película de terror y de una agonía sin solución menos dura. La idea que queda flotando es que la URSS y sus aliados no cayeron por un golpe, sino por descomposición. Si el día que pase algo llega, será el derrumbe. Y el dato que descoloca es este: mientras se discute si McDonald's se hunde, su acción sigue en 288 dólares.