Alvise Pérez, del sorteo del sueldo a siete delitos en el Supremo
El político Agustín Alvise Pérez llegó prometiendo sortear su sueldo entre sus votantes y acumula ya una imputación del Tribunal Supremo por siete delitos repartidos en dos causas, una por el caso Cryptospain y otra por un certificado covid relacionado con Salvador Illa. La noticia, adelantada por canales jurídicos y recogida en el seguimiento del caso, marca el punto más delicado de una trayectoria que empezó a agrietarse mucho antes.
De prometer pruebas del fraude electoral a no aparecer
La primera grieta visible fue la promesa incumplida. El líder de Se Acabó La Fiesta aseguró que presentaría pruebas del fraude electoral. Nunca llegaron. La pregunta se repite desde entonces: ¿dónde están todas esas denuncias que ibais a poner? El rastro del personaje se difumina entre una juerga con el pequeño Nicolás y un silencio que sus propios votantes empiezan a notar incómodo.
La segunda grieta es financiera. El cierre repentino del chiringuito financiero con el que Alvise mezcló sus donaciones dejó a más de uno con la ceja levantada. No es un detalle menor: si las donaciones se canalizan por una estructura que se disuelve de un día para otro, la trazabilidad del dinero se convierte en un ejercicio de fe. Y la fe, en política, cotiza a la baja.
El sorteo del sueldo que ya nadie recuerda
El gesto estrella de su campaña fue el sorteo del sueldo. Un gesto de marketing que funcionó como anzuelo y que hoy nadie sabe si sigue activo. ¿Sigue sorteando el sueldo o ya nada? La pregunta flota sin respuesta oficial. Mientras tanto, la maquinaria judicial avanza por otros derroteros: el Supremo lo imputa por siete delitos de cárcel en dos causas distintas, una vinculada a Cryptospain y otra a un certificado covid con Salvador Illa en el centro del asunto.
La imputación no es una condena. Conviene repetirlo porque el ruido lo sepulta: el Supremo ha imputado, investigado, al euridiputado. Nada más. Y nada menos. La instrucción sigue abierta y el desenlace, a la fecha de esta discusión, es una incógnita.
El circo de la derecha y el desgaste del relato
La irrupción de Alvise ha tenido un efecto colateral que sus promotores no calcularon: ha convertido la crítica a VOX en un campo minado. El partido de Santiago Abascal salió a defenderse con un argumento contundente: ni Abascal tiene ni ha tenido ni tendrá un sueldo, ni vitalicio ni puntual, en Disenso; ni VOX reparte sobresueldos. VOX paga nóminas, con impuestos y con transparencia, vino a decir el mensaje oficial.
El problema es que la refriega entre Alvise y VOX ha dejado a la derecha española en una posición incómoda. Hay quien sostiene que Alvise intenta desmontar la verdadera oposición a la banda de los viruelos. Otros ven en todo esto un circo que ni haciéndolo a propósito habría reclutado a tanto personaje pintoresco: besabanderas, gitanotoreros y telepredicadores con sede fiscal en las islas Salomón. La descripción, exagerada o no, retrata un ecosistema donde la política se confunde con el espectáculo.
La estafa como modelo de negocio
El núcleo del asunto es económico. Alvise Pérez siempre cumple su palabra, excepto cuando no la cumple. La ironía resume una trayectoria donde la promesa y el hecho rara vez coinciden. Haciéndole propaganda a un estafador y la pelota a un torero mientras luego echa pestes de los toros, el personaje se define solo: vende humo y, según sus críticos, directamente estafa.
La subvención pública europea que reciben los toros de lidia es la misma que recibe una vaca frisona de leche de Holanda, un ternero limousine de Francia o un Angus de Dinamarca. La PAC tiene en cuenta el modelo extensivo, el que más población rural fija y más hectáreas por animal necesita. Ir contra las subvenciones al ganado de lidia, como hizo Alvise, es un ejemplo de cómo el personaje dispara sin cargar. Hay gente que sin saberlo presume de ser unos cretinos.
Lo que el Supremo dirá
El Supremo ha imputado a Alvise siete delitos en dos causas. La instrucción sigue. La fecha de resolución no existe. El político sigue en la mesa, con las cartas marcadas y el público dividido entre los que creen que es un estafador y los que creen que es la única voz que les representa. El desenlace, como el sorteo del sueldo, está pendiente.