El wokismo no da de comer (Luis Ventoso en El Debate)

El wokismo no da de comer (Luis Ventoso en El Debate)
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

El descontento en Alemania, reflejado en el posible ascenso de la AfD, se explica por la insatisfacción con la política convencional y la percepción de que las prioridades sociales y culturales no resuelven los problemas económicos.

Leer el resumen completo →

El descontento en Alemania, reflejado en el posible ascenso de la AfD, se explica por la insatisfacción con la política convencional y la percepción de que las prioridades sociales y culturales no resuelven los problemas económicos.

La política, a veces, parece una partida de ajedrez donde las piezas se mueven solas, sin que los jugadores parezcan entender el tablero. En Alemania, ese tablero está mostrando grietas preocupantes. El país, que durante mucho tiempo fue el motor económico de Europa, ahora se encuentra con un crecimiento plano. Su industria automovilística, un pilar histórico, está siendo superada por competidores asiáticos, en parte por directivas de Bruselas que, con buenas intenciones ecológicas, han terminado por favorecer a China. Volkswagen anunciaba recientemente 50.000 despidos.

El peso de la inercia y la digitalización

Antaño sinónimo de innovación, Alemania pareció acomodarse en una zona de confort basada en su pasado industrial. Se ha vuelto un país híper sindicalista, con jornadas laborales más cortas y salarios elevados, lo que ha mermado su competitividad. Además, se ha quedado rezagado en la vanguardia tecnológica, el universo digital y la inteligencia artificial. La inmigración, lejos de ser un mero factor demográfico, ha generado tensiones sociales y, en ocasiones, episodios de violencia alarmantes, como el trágico suceso de Magdeburgo en diciembre de 2024, donde un solicitante de asilo arrolló a varias personas en un mercado navideño.

Un grito desde Sajonia-Anhalt

Es en Sajonia-Anhalt, una región con una historia marcada por la industria pesada y la transición post-comunista, donde se manifiestan con mayor crudeza estas inquietudes. Tras la caída del Muro de Berlín, la región sufrió una fuerte desindustrialización, con picos de paro del 20% a principios de siglo, lo que provocó la emigración de jóvenes a zonas más prósperas. Hoy, es el estado federado más envejecido de Alemania, con una edad media cercana a los 50 años, y su economía muestra signos de debilidad, con una contracción del PIB del -0,2% el año pasado, frente a un escaso crecimiento nacional del 0,2%.

Ante este panorama, las próximas elecciones en Sajonia-Anhalt apuntan a un vuelco político. Las encuestas prevén una victoria contundente para la AfD, con un 42% de los votos, muy por delante de la CDU (actual partido gobernante) y los socialistas, que se encuentran en una situación precaria en toda Europa. Este resultado, si se confirma, supondrá una revolución, con un partido catalogado de "ultra" por el establishment político, cultural y mediático alemán alzándose con el poder. La gente, harta de ver empeorar sus vidas y sin encontrar soluciones en la política tradicional, busca alternativas.

Propuestas y descontento

La AfD articula un discurso que, si bien puede ser inflamado y albergar elementos polémicos, apela a demandas concretas de una parte de la población. Sus propuestas incluyen el control de la inmigración irregular, la expulsión de inmigrantes delincuentes y el cierre del asilo. También abogan por aumentar las prestaciones sociales y reducir impuestos, un equilibrio difícil de lograr. Quieren suprimir las televisiones y radios públicas, argumentando que no desean financiar un servicio que consideran adoctrinador en lugar de neutral. Además, buscan revertir las políticas de género y recuperar el patriotismo y la libertad de expresión, amenazados, según ellos, por la censura de la corrección política y el llamado "wokismo".

En esencia, estas propuestas, calificadas de "ultras", resuenan en una parte de la ciudadanía, independientemente de su ideología previa, cuando los partidos convencionales no abordan sus problemas. Se constata que la ingeniería social de la izquierda, a menudo etiquetada como "wokismo", puede educar en ciertas ideas, pero no llena el estómago ni resuelve las preocupaciones económicas.

Los partidos que se mueven por la emoción, en lugar de por la razón y los datos, no convencen a todos. La idea de que el futuro se ha trasladado a Asia, mientras Europa se vuelve más pasiva y menos innovadora, es una preocupación latente. El enfado de las clases medias, que ven mermado su poder adquisitivo, amenazada su industria y transformadas sus ciudades, es comprensible. Barrios que han pasado de ser mayoritariamente cristianos a musulmanes en una generación plantean retos de integración innegables.

Es fundamental respetar la libertad de elección de esos votantes alemanes que buscan un cambio, en lugar de descalificarlos automáticamente. Resulta llamativo que se alce tanta indignación contra partidos de derecha radical en Europa Occidental, mientras se ha tolerado históricamente la presencia de formaciones herederas de ideologías con un historial mucho más destructivo.

Datos clave
  • El PIB de Sajonia-Anhalt se contrajo un -0,2% en 2025.
  • La AfD podría obtener un 42% de los votos en Sajonia-Anhalt.
  • Volkswagen anunció 50.000 despidos.
  • La edad media en Sajonia-Anhalt es de casi 50 años.
  • El paro en Sajonia-Anhalt superó el 20% a principios de siglo.
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.

Eric Finch

Será en Octubre
Desde
30 Jun 2006
Mensajes
101.022
Fruta
106.599
Lugar
Concejalía de Festejos del Ayuntamiento de Sodoma

El wokismo no da de comer​

05/09/2026

Luis Ventoso-El Debate
  • La AfD puede ganar el domingo su primer estado en Alemania, porque cuando la política al uso fracasa la gente se enfada y busca soluciones drásticas en otro sitio
Francia es ya el paciente crónico de Europa. Un país en el diván, con graves achaques a cuestas. Pero Alemania, el pulmón de la UE, también ha enfermado. Su crecimiento es plano. Su industria capital, la automovilística, está siendo devorada por los chinos, en parte por las políticas ecológicas económicamente suicidas de Bruselas, que le han regalado el mercado a China (Volkswagen anunció ayer 50.000 despidos).

Alemania, antaño tan inventiva, se acomodó a vivir de rentas del pasado. Se hizo híper sindicalista y poco competitiva, con jornadas cortas y sueldos opíparos. Además, no pinta nada en la punta de lanza del tiempo presente, que es el universo digital y la IA. Por último, la inmi gración ha creado roces y a veces ha traído incluso una aterradora violencia, como cuando en diciembre de 2024 un médico saudí solicitante de asilo mató a seis personas en un mercado navideño arrollándolas con su SUV.

Aquel ataque extremista violento ocurrió en Magdeburgo, una tranquila ciudad de 244.000 habitantes a orillas del Elba, que es la capital del estado de Sajonia-Anhalt. Este domingo se celebrarán sus elecciones y se prevé que las gane de calle la controvertida AfD, con un 42% de los votos (frente al 22% de a CDU, que manda ahora, y solo un 8% de los socialistas, que están en el chasis en Alemania, como en toda Europa).

Ese resultado supondrá una revolución política. Un partido tachado de «ultra» por todo el establishment político, cultural y mediático alemán se hará con el poder en Sajonia-Anhalt, porque la gente está harta. Constatan que sus vidas empeoran, que la política convencional no les ofrece soluciones, que una inmi gración descontrolada va mudando la faz y la entraña de sus sociedades… Y como siempre ha sucedido a lo largo de la historia cuando las cosas no funcionan, se buscan soluciones drásticas, porque los sufrientes tienen derecho a aspirar a que sus vidas mejoren, aunque muchas veces el experimento fogoso acaba en calamidad (véanse los trágicos totalitarismos del siglo XX).

Lo que hoy es Sajonia-Anhalt formaba parte de la RDA comunista. Tras la caída del Muro, su poderosa industria pesada se deshizo como un azucarillo. La crisis resultó demoledora, con un 20% de paro en el cambio de siglo. Los jóvenes se largaron a tierras más prósperas de la Alemania reunificada. Hoy es el land más envejecido del país (edad media de casi 50 años), bastante rural y con un paro por encima de la media. Su PIB se contrajo un -0,2% el año pasado, frente a un pobre crecimiento nacional de un 0,2%. Los vecinos de Sajonia-Anhalt no están nada contentos y van a votar a la AfD mayoritariamente. También porque las constantes coaliciones del SPD y la CDU hacen que muchos alemanes hayan concluido que ya no existe diferencia práctica entre votar socialista o conservador, toda vez que al final acaban encamados.

La AfD gasta una retórica bastante inflamada y aloja en sus filas a algún que otro cabestro. ¿Pero qué propone? Pues controlar la inmi gración irregular, echando a los incivil que hayan entrado y cerrando el asilo. Aumentar las prestaciones sociales y bajar los impuestos, lo cual es intentar soplar y sorber al tiempo. No contraer más deuda. Cerrar la televisión y radio públicas, «porque no queremos pagar un servicio público que adoctrina en la ideología de la izquierda, en lugar de ser neutral». Quieren acabar con las llamadas política «de género» y recuperar el patriotismo y la libertad de expresión, amenazados por la censura de la corrección política y el wokismo.

Es decir, los supuestos postulados «ultras» en realidad plantean propuestas que pueden ser apoyadas por buena parte de la población, sea de derechas o izquierdas. En especial cuando los partidos convencionales no les les arreglan sus problemas y cuando se ha constatado que el wokismo, la pegajosa ingeniería social de la izquierda, adoctrina pero no da de comer.

Los partidos hiperventilados no me convencen, porque no me agrada la política de la emoción frente a la de los números y la reflexión basada en hechos. Soy más de café con leche que de lata de Monster Energy. Tampoco creo que esos partidos de dialéctica profética puedan cambiar el curso del Amazonas, el problema de fondo, que es que el futuro se ha mudado a Asia y nosotros, más zánganos y menos innovadores, nos estamos quedando atrás. Pero entiendo perfectamente el enojo de una Europa que va a peor. Se comprende el enfado de unas clases medias que sufren dentelladas en su poder adquisitivo, que ven amenazadas sus industrias medulares, que a veces ya no se reconocen en sus calles de siempre, con barrios que en menos de una generación han mutado de cristianos a mahometanos, con todos los problemas de integración que ello conlleva (queramos encararlos o no).

Así que hay que respetar la libertad de esos votantes alemanes que buscan otra cosa, en lugar de tacharlos a todos de «nancy» desde unas torres de marfil donde no existen los problemas que ellos padecen cada día. Curioso que se ponga todo el mundo tan estupendo en una Europa Occidental que siempre ha admitido encantada a los partidos herederos de la ideología más letal de la historia: el comunismo.
 
curioso como estos liberales llaman proge y pogre a la izquierda postmoderna para no llamarles lo que verdaderamente son, liberales como ellos.
Porque si bien los de izquierdas quieren la ley de la selva en lo social y cultural los de derechas la quieren en lo económico.
Mencion aparte a estos tipos que escriben en periodicos que nadie lee ni compra y apesar de esto ganan bien.
Liberalismo para los demás y proteccionismo para ellos.
 

Estadísticas del foro

Temas
2.059.987
Mensajes
58.461.241
Miembros
191.090
Último miembro
HotMarketGuy

El blog de burbuja.info

-
-
Volver