Una bombona de gas como primer premio: así se vota al «otanista más ridículo»
Una bombona de gas como primer premio. Un billete de mil rublos como segundo. Y una cinta elástica de Decathlon como tercero, con la promesa irónica de que sirve «para organizar defensas elásticas». Con ese catálogo de incentivos se abre una votación para elegir al
«otanista burbujero más ridículo», es decir, al participante que con más entusiasmo defiende la posición de la OTAN en la guerra de Ucrania dentro de un foro económico español. El ganador, según el planteamiento inicial, «puede hacerse millonario» con la bombona.
La broma tiene un fondo serio: cinco meses de discusión sobre el conflicto han convertido el subforo de
III Guerra Mundial en un tablero donde se dirimen algo más que datos de artillería. Se discute quién informa, quién desinforma y quién se limita a repetir consignas. Y la votación, con
114 respuestas, funciona como un termómetro involuntario de esa tensión.
Qué se vota exactamente y por qué importa
El mecanismo es simple: se propone una lista de candidatos y se aceptan sugerencias nuevas. Los nombres que más circulan son los de quienes aportan enlaces y análisis favorables a la posición ucraniana, y también los de quienes ridiculizan las promesas de material militar occidental. La discusión deriva pronto hacia un asunto más incómodo:
la calidad de la información que circula en ambos bandos.
Hay quien sostiene que el problema no es la ideología sino el volumen. Un participante resume que uno de los señalados «casi todo lo escribe en el hilo general y abre pocos hilos», y lo describe como «una auténtica gota malaya» para la otra parte. El argumento, despojado de ironía, es que la persistencia informativa desgasta más que la soflama.
Otro interviniente defiende que la información aportada por los señalados es la más abundante del subforo «con muchísima diferencia», y que precisamente por eso resulta insufrible para quienes solo quieren lecturas que confirmen su marco. La acusación de sectarismo va en las dos direcciones.
Los Himars, el argumento que se repite
Buena parte de la votación gira alrededor de un solo sistema de armas. Se acusa a un candidato de «tratar de ridiculizar» a la otra parte «repitiendo siempre lo de los Himars». La respuesta desde el otro lado es que esa insistencia no es propaganda sino sarcasmo: una burla hacia quienes sostuvieron que esos lanzadores cambiarían el curso de la guerra y, a juicio de este sector, se quedaron en «un tufo más de la OTAN en Ucrania».
El detalle importa porque revela el eje real de la discusión. No se vota al más agresivo ni al más prolífico, sino al que mejor encarna una
promesa incumplida del relato occidental. La bombona de gas, premio principal, no es casual: alude a la crisis energética europea y a la apuesta por resistir sin gas ruso.
De la burla al diagnóstico psicológico
El tono se degrada por momentos. Aparecen descripciones despectivas sobre la edad, la situación económica o la salud mental de los señalados, y algún interviniente pide directamente que uno de ellos esté «bajo tratamiento». Son excesos verbales que no aportan datos y que el propio formato de votación parece estimular.
Frente a eso, hay intervenciones que intentan ordenar el caos. Un participante propone un criterio más sobrio: que cada cual escriba lo que quiera «siempre que pongan enlaces variopintos, no den la vara y razonen mínimamente». Es, en la práctica, una petición de vuelta al debate informado.
La distinción entre el votante y el votado también se difumina. Algunos candidatos responden con humor —«un honor estar en ese ránking», «me caeis bien la verdad»— y otros aprovechan para hacer campaña activa por sí mismos. La votación se convierte así en un juego dentro del juego.
El eje geopolítico que nadie discute
Por debajo de la gresca hay un debate de fondo sobre alineamientos. Se reprocha a unos el «hispanismo» de fachada mientras se les atribuye adhesión a la posición estadounidense; se reprocha a otros la defensa de Moscú. Un interviniente lanza una advertencia que resume el clima: en Rusia «no podríais estar detrás de un teclado escribiendo sandeces libremente».
También aparece la sospecha de financiación exterior, formulada como pregunta retórica sobre «shekels» y sobre si las armas vendidas por Estados Unidos podrían emplearse en un hipotético conflicto con Marruecos. La respuesta es una descalificación, no un dato. El intercambio no resuelve nada, pero muestra hasta qué punto el subforo ha absorbido el lenguaje de la guerra híbrida.
Un premio que nadie quiere ganar y todos alimentan
La paradoja es evidente: una votación para elegir al más ridículo se sostiene, precisamente, porque nadie se toma en serio el resultado. Los candidatos se postulan, los votantes se burlan y el recuento avanza sin que exista un ganador claro. La lista de sugerencias crece más rápido que los votos.
Al final, el premio —una bombona, mil rublos, una cinta elástica— vale menos que el puro acto de votar. Y la pregunta que queda flotando no es quién gana, sino cuánto de este ruido informativo sobre Ucrania es análisis y cuánto es simple necesidad de tener razón en un foro.