Corea del Norte crece a ritmo de tigre asiático (gracias a Rusia)
El récord de crecimiento económico más sorprendente del mundo tiene cara de kimchi y nombre de dictadura. Corea del Norte está experimentando un auge que pocos analistas pronosticaban, y la razón tiene poco de maravillosa: la guerra de Ucrania y las compras de artillería rusa han llenado las arcas de Pyongyang.
El negocio de la guerra: armas por crecimiento
Los datos disponibles apuntan a que el PIB norcoreano se ha disparado gracias a la venta masiva de misiles y obuses a Rusia. El régimen de Kim Jong-un sabe que este chorro de divisas no es eterno -la gallina de los huevos de oro se puede agotar- y, como algunos países árabes, parte de los ingresos se reinvierte en infraestructuras. El resultado: un norcoreano de 2026 que poco tiene que ver con el de los años 90, aunque la prosperidad sigue siendo relativa.
¿Milagro o espejismo?
Las cifras macro no engañan: crecer desde la miseria absoluta es más fácil que desde la riqueza. Pero el debate sobre si este crecimiento es real o una cortina de humo para justificar una tiranía sigue abierto. Lo que está claro es que la desnutrición generalizada que asolaba el país en los 90 ha remitido, aunque sigue sin haber abundancia alimentaria. Las libertades siguen siendo las mismas: ninguna.
El dato que descoloca: mientras el PIB se dispara, el régimen sigue financiando su programa nuclear y la represión interna. El éxito económico norcoreano, como tantas cosas en la península coreana, es un prisma con caras muy distintas.