Rendición en Azovstal: 264 salen y más de 700 siguen dentro
La acería de Azovstal dejó de ser una fortaleza y pasó a ser una sala de espera. De la planta de Mariúpol salieron
264 militares ucranianos,
53 de ellos heridos graves, y más de 700 siguen dentro. La pregunta que se ha pegado al asedio no es cuántos quedan, sino quién hay entre ellos. Porque desde el primer momento circula la sospecha, sin confirmar, de que en los sótanos no solo había defensores locales: también
oficiales extranjeros de alto rango.
¿Cuántos militares siguen atrapados en Azovstal?
Los evacuados son 264, con 53 heridos graves. Los que se quedan superan los 700, y muchos ya se han despedido de sus familias. Sobre el papel, rendirse era la salida lógica: un intercambio por prisioneros rusos. No la tomaron. Entre los participantes del hilo, la hipótesis que más se repite es la peor para ellos: que estarían fichados desde hace años por la justicia rusa por presuntos crímenes de guerra, con causas abiertas tras
ocho años de conflicto en el Donbás. Medios como El Mundo resumieron la escena con un titular:
Último adiós en El Álamo de Ucrania.
A eso se suma el silencio de Moscú, que se niega a negociar la liberación de quienes considera criminales de guerra. Sin intercambio posible, al que está bajo tierra solo le queda esperar. Hay quien sostiene que ese es precisamente el plan: cercar, aguantar y dejar que se agoten, porque entrar en los túneles habría costado un número de bajas que nadie quiere asumir.
El rango que nadie confirma: una foto borrosa y una cita de Wikipedia
El origen del ruido está en la afirmación de que un ex jefe supremo de los SEAL se había rendido en la acería, con
una fotografía borrosa donde a un hombre se le ve media cara como única prueba. La fuente que se cita en el hilo es una web estadounidense. Ninguna autoridad ha confirmado nada, y quien difundió el mensaje se extrañaba de que no haya recibido un disparo de los suyos.
El contraargumento es fácil de armar y tiene su parte de razón. Que la OTAN lleva desde 2014 ayudando a reconstruir el ejército ucraniano es de dominio público, y una nación soberana puede invitar a quien quiera a su territorio. Lo raro no sería que hubiera asesores extranjeros, sino que un aparato acostumbrado a filtrarlo todo dejara a los suyos en el peor sitio posible.
Wali, el francotirador estrella que solo abatió palomas
Merece la pena recordar cómo acaban estas leyendas. El francotirador conocido como Wali fue presentado como el hombre que habría eliminado a no se sabe cuántos generales rusos. Él mismo lo desmintió después: dos disparos, dos palomas, y una descripción poco halagüeña de la tropa que le rodeaba. La propaganda engorda los nombres y luego no hay quien los baje del pedestal.
Patton, MacArthur y los generales que aparecen en los canales de mensajería
Como toda guerra, esta tiene su escalada de rumores. En canales de mensajería se llegó a situar en Azovstal a
Patton y a MacArthur, fallecidos hace décadas. El desvarío, según uno de los participantes, tiene su lógica interna: Patton quería continuar hacia Moscú, era más popular que sus superiores y murió en Alemania meses después del final de la contienda, lo que alimenta la teoría del ajuste de cuentas. Son afirmaciones sin ninguna prueba.
El patrón se repite con otros nombres. En Siria, se decía, se capturaban generales de la OTAN con regularidad. La respuesta es simétrica: ¿y los mil generales rusos que habrían caído por fuego de francotirador? Cada bando tiene su propio cementerio de generales fantasma, y ninguno presenta nunca el acta.
Por qué nadie va a publicar la lista de prisioneros
Lo único verificable es lo que se puede contar. Como señalaban varios participantes, ni Washington ni Moscú tienen interés en airear que hay militares occidentales sobre el terreno. Al primero le obligaría a reconocer una implicación mayor de la que admite; al segundo le estropearía el relato de una
operación especial contra un vecino y no contra la OTAN. Esa coincidencia de intereses basta para que el asunto no se cierre nunca.
No hay recuento público. Se sabe cuántos salieron, no los que quedan ni los que habría al otro lado. Sin lista oficial de prisioneros, cualquier afirmación sobre la composición de los que están bajo tierra —nombre, graduación, país— se sostiene sobre el aire. Circularon además relatos de cámaras refrigeradas para conservar restos y de material extranjero hallado en la acería: afirmaciones sin verificar que cada parte lee a su favor.
El interés inusualmente activo de Francia por mediar en la evacuación fue leído por algunos participantes como una señal: nadie se molesta tanto por unos heridos si no hay algo más que sacar de ahí. Y, según uno de los mensajes, la operación que iba a durar tres días llevaba ya
83.
Con 264 fuera, más de 700 dentro y ninguna lista publicada, la única conclusión sólida es que no hay conclusión. Si algún día aparecen los nombres, se sabrá. Si no aparecen nunca, también.