La estrategia de Washington: castigar a Rusia desmantelando sus aliados
Desde que Vladímir Putin descartó la negociación con Donald Trump para poner fin a la invasión de Ucrania, Estados Unidos ha desatado una ofensiva coordinada contra los socios más débiles de Moscú. Venezuela, Irán, Siria y, según los pronósticos, Cuba encabezan la lista. La pregunta no es si hay una represalia, sino hacia quién apunta realmente: ¿a Rusia o a China?
La teoría del castigo directo a Rusia
La corriente principal del análisis sostiene que Putin, al negarse a aceptar el acuerdo que Trump le ofrecía –básicamente, salir de Ucrania con gran parte del territorio conquistado–, provocó que la Administración estadounidense activara el plan B: atacar a los aliados rusos allí donde no hay un paraguas nuclear. Venezuela, con Maduro fuera del poder, Irán, cuyos líderes de Hamás y Hizbulá han sido eliminados, y Siria, reducida a un fantasma económico, son ejemplos de la factura pagada. Y Cuba, con su acuerdo militar ratificado en octubre de 2025, es la siguiente ficha.
El contrapunto: la jugada va contra China
Otro sector del debate apunta al gigante asiático como el verdadero objetivo. Trump siempre ha considerado a China su principal rival, y despedazar a sus aliados –Rusia desangrada en Ucrania, Irán neutralizado, Venezuela anulada– deja a Pekín sin apoyos militares ni económicos. Cuba y Corea del Norte son las piezas restantes, pero esta última ya tiene armas nucleares, lo que la hace más difícil de tocar. La estrategia sería aislar a China antes de un posible casus belli en Taiwán o el Mar de China Meridional.
Las fisuras del argumento
Los escépticos recuerdan que Cuba no es un aliado militar firme de Rusia: sus lazos son comerciales y diplomáticos, no estratégicos. Además, Moscú ha diversificado su presencia en el Sahel (oro, uranio) y ha obtenido acceso al Atlántico mediante un acuerdo con Santo Tomé y Príncipe. Si la teoría del castigo fuera cierta, los rusos estarían callados porque no pueden responder; si la de China es correcta, aún faltan años para que el plan se complete.
La gran paradoja es que mientras Estados Unidos amplía frentes, la economía global ya acusa la escasez de petróleo y gas. Quien controla la energía se ríe desde la distancia. El debate queda abierto: ¿es una contestación a Rusia o una pinza sobre China? Lo único seguro es que los aliados pequeños siempre pierden.
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