Cazadores de gangas en bolsa: el filtro del 15% y la deuda cero
La consigna era sencilla y ambiciosa a la vez: encontrar empresas que crezcan más del 15%, apenas tengan
deuda, muestren buenos fundamentales y coticen por debajo de su media histórica. El punto de partida fue una apuesta personal por Meta, con el argumento de que estaba «más regalada difícil». A partir de ahí, la lista de candidatas se convirtió en un ejercicio de estilo donde convivieron gigantes tecnológicos, farmacéuticas con historial accidentado y algún que otro chicharro de dudosa reputación.
El filtro, sobre el papel, es el santo grial del inversor value. En la práctica, la criba dejó al descubierto una verdad incómoda:
casi ninguna empresa de calidad cotiza barata al mismo tiempo. Las que cumplen los tres primeros requisitos suelen tener el cuarto por las nubes. Y las que están tiradas de precio, normalmente esconden un negocio en declive, un agujero contable o una historia que nadie quiere comprar.
Las candidatas que sonaron con más fuerza
Entre las propuestas que se repitieron,
ASML apareció con el argumento de que «la están regalando», una tesis que choca con la realidad de un valor que rara vez se ha movido en múltiplos de saldo.
Alphabet y
Meta encabezaron las quinielas de los que buscan crecimiento a precio razonable, mientras que
Intel se coló pese a reconocer que no cumplía al cien por cien los requisitos. La farmacéutica española
Pharmamar generó división de opiniones: unos la ven como una oportunidad de futuro, otros recuerdan el historial de desplomes de su predecesora.
La lista de nombres que no cumplían ni de lejos el estándar fue, cuando menos, entretenida. Aparecieron
Pescanova,
Nueva Rumasa,
Afinsa y hasta
Gowex, el ejemplo perfecto de cómo una empresa puede parecer impecable en los papeles hasta que deja de parecerlo. La mención de
Onlyfans y de un videoclub
Blockbuster dejó claro que no todos los participantes se tomaron el ejercicio con la misma seriedad.
El problema del value: barato no siempre es bueno
La discusión derivó hacia un asunto más profundo: la dificultad de encontrar valor real en un mercado que lleva años premiando el crecimiento. Hay quien sostiene que las empresas de calidad —
Medtronic, PayPal, Etsy, Hermes, Nvidia, Adidas— siguen caras y que solo
Adidas empieza a ponerse interesante. El cálculo más optimista asume que la corrección está cerca; el escenario pesimista parte de una caída del
50% que aún no ha llegado.
El caso de
Garmin sirvió para ilustrar la trampa del value. La empresa ha sabido transicionar hacia los wearables, compensando la caída del negocio automotriz con nuevas categorías. Pero la duda planea: ¿no será otro
Blackberry o
Nokia esperando su momento? La respuesta no está escrita, y eso es precisamente lo que hace que el mercado sea un lugar incómodo.
El metaverso, el PER y la madre que los parió
La conversación también tocó la fiebre del
metaverso, ese concepto que promete revolucionarlo todo y que de momento solo ha servido para que algunas tecnológicas justifiquen inversiones milmillonarias. Alguien preguntó por el
PER, esa métrica que todos citan y pocos aplican con rigor. La respuesta, como casi siempre, es que depende del sector, del momento del ciclo y de la fe que uno tenga en el futuro.
La mención de
Berkshire Hathaway y de
Royalty Pharma —con Buffett como avalista— añadió un toque de respetabilidad a una lista donde también aparecieron
Pfizer y
Raytheon. El consenso, si es que puede llamarse así, es que el momento de comprar gangas de calidad no ha llegado. O que llegó y nadie se atrevió a apretar el botón.
La bolsa española tuvo su hueco con
Pharmamar, una apuesta que genera tanto entusiasmo como recelo. El argumento a favor es un futuro prometedor si llega la aprobación de algún fármaco clave; el argumento en contra es que ese futuro lleva años prometiendo y el sufrimiento, mientras tanto, es de sueño. La advertencia de que «sin ese aprobado, el sufrimiento puede ser de ensueño» resume bien la relación de amor-odio que muchos inversores mantienen con el valor.
Al final, la pregunta que sobrevuela todo el ejercicio es si existe realmente algo que cumpla los cuatro requisitos a la vez. La respuesta más honesta que se dio fue:
«Ahora mismo no hay nada». Y eso, en un mercado que lleva años subiendo, es una señal que conviene no ignorar.