Carrefour cobra en caja más de lo que marca la estantería
Un litro de orujo etiquetado a 7 euros que en el ticket aparece a 12. Una pintura rebajada a 12 que el escáner lee a 24. Un sintonizador de TDT de 39 que se cobra a 47. La queja no viene de un despistado: es un patrón que se repite compra tras compra y que, cuando falla, casi siempre falla a favor de la caja. En una cadena donde los precios se imprimen desde una base de datos, cuesta creer que el desajuste sea casual. Quien acumula decenas de casos lo tiene claro: no es descuido, es
sistema.
Un error que casi nunca resta
Un participante asegura que en unas cinco de cada diez visitas acaba con algún producto cobrado por encima de su precio; nunca por debajo. Otro cálculo que circula en el hilo estima una sobrefacturación de entre el
2% y el 4%, una estimación que su autor plantea como sospecha y no como dato verificado.
El argumento de fondo es difícil de rebatir. Si todo está informatizado y los carteles salen de una impresora que solo hace eso, el margen para el error humano se reduce al mínimo. La duda razonable es otra: ¿por qué el fallo casi siempre suma? Hay quien sostiene que las ofertas del tipo 3x2 o segunda unidad al 50% se montan subiendo antes el precio base, de modo que la rebaja aparente deja al cliente pagando casi lo mismo, pero con dos o tres unidades en la bolsa que no necesitaba.
Del orujo al TDT: la lista de descuadres
La retahíla de casos se repite producto a producto. Un brick de leche marcado a 1 euro que se cobra a 1,12: seis unidades,
6,72 euros en lugar de 6. Un champú con la segunda unidad al 50% que en caja solo lleva un 10% de descuento. Unas libretas de oferta a 1 euro que aparecen por arte de magia a 3. Un paquete de galletas con la etiqueta de 0,68 y el escáner a 0,72. No importa la sección: el descuadre siempre va en la misma dirección.
Los errores a favor del cliente también aparecen, aunque sean minoría: un paquete de lomo ibérico marcado a 4,50 que la caja cobró a 1 euro, o un juguete de 39,90 que en rebajas se quedó en 9,90. Cuando toca, toca.
El precio por kilo que engaña
Hay una trampa más fina y menos visible que el ticket, según una participante: el formato grande. En categorías como los cereales, las magdalenas o las toallitas de bebé, el precio por kilo del envase pequeño sale mejor que el del pack que se vende como ahorro. Quien compara en la estantería se da cuenta; quien confía en la etiqueta de
más cantidad, mejor precio, paga más por lo mismo.
Los packs «ahorro» acaban en denuncia
La práctica dejó de ser una sospecha de compradores escamados cuando una asociación de consumidores la llevó por escrito. Asgeco presentó una denuncia ante la Policía y otra ante Consumo por vender formatos promocionados como packs de ahorro a un precio superior al de las mismas unidades adquiridas por separado. El sobreprecio llegaba, según la acusación, a los
30 céntimos, y afectaba a marcas de café, bebidas y cerveza. El caso, recogido por la prensa, puso negro sobre blanco lo que muchos llevaban años apuntando en el móvil antes de acercarse a la caja.
¿Por qué el cliente acaba pagando sin protestar?
Porque el coste de reclamar lo asume el comprador y el beneficio de no hacerlo es de la empresa. Detectarlo exige apuntar precios, comparar el ticket y, en el mejor de los casos, perder diez minutos en atención al cliente. Quien reclama recupera su dinero, pero el error sigue vivo al día siguiente para el siguiente de la fila. La asimetría es perfecta: el despistado paga, el que vigila cobra su tiempo en forma de cola. En las cajas automáticas, la pantalla se convierte en la única oportunidad de cantar el fallo antes de pasar la tarjeta.
El resultado es un goteo que no consta en las cuentas oficiales y que, sumado en toda España, admite pocas bromas. Nadie ha puesto aún una cifra nacional encima de la mesa. Con estos mimbres, la pregunta no es si el error existe, sino cuántas veces no lo vemos. ¿Cuántos tickets acaban en la papelera sin que nadie haya mirado la última línea?