Más de 100.000 pisos en España siguen pagando renta antigua de entre 50 y 300 euros
Un piso en el centro de San Sebastián. Cincuenta o sesenta euros al mes, según los cálculos que circulan en el debate. Mientras el alquiler en esa misma zona, según esa misma versión, no baja de 2.000 €, siguen vivos contratos firmados hace cuatro décadas que se actualizan con el IPC y, en ciertos casos, se heredan. En España quedan entre
100.000 y 160.000 viviendas con renta antigua, y la horquilla que más se repite en las estimaciones del sector se mueve entre 126.000 y 130.000. No hay censo oficial. Ahí empieza todo.
Qué es exactamente un contrato de renta antigua
Son los firmados antes del
9 de mayo de 1985, la fecha en que el Decreto Boyer acabó con la prórroga forzosa. Todo lo anterior se rige por la
LAU de 1964, que garantizaba al inquilino una duración prácticamente vitalicia y una subrogación familiar limitada a cónyuge e hijos en supuestos concretos. La renta se actualiza con el IPC. Casi nada.
Aquí no hay fichas ni bandos: hay un marco legal que sobrevive a todos los gobiernos que han prometido tocar el mercado del alquiler. Y sobrevive porque desmontarlo tiene un coste político que nadie quiere pagar.
Cuánto se paga y cuánto costaría alquilar hoy
Mientras estos contratos se mueven entre
50 y 300 € al mes, el alquiler de mercado en esas mismas zonas supera los 1.000 o los 1.500. Hay quien ha echado la cuenta hacia atrás: 700 pesetas mensuales de 1976 equivalen a
63,61 euros de hoy. Una habitación, sin suministros, cuesta ya 350, según ese mismo cálculo.
El origen que casi nadie cita
El rastro no lleva solo a la dictadura de Franco. Hay quien sostiene que los contratos de renta antigua fija y heredable una generación venían en buena parte del
general Primo de Rivera: soldados, militares y viudas de la guerra de Marruecos de los años veinte, y que Franco, sencillamente, no cambió el estatus. Ese detalle desarma la mitad de los reproches cruzados.
Quién tiene la culpa según el relato de cada bando
Una corriente señala al inquilino protegido y a su pensión como el problema. Otra apunta en dirección distinta: los grandes tenedores y los especuladores. Una tercera sostiene que el chollo real lo tuvieron quienes compraron barato y hoy cobran caro. Y una cuarta avisa de que dividir a la población por edad es precisamente el negocio de otros.
Lo llamativo no es cuánto se paga en esos pisos. Es que ni el Estado sepa cuántos quedan.