Halfredico
Madmaxista
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Resulta que tengo a los niños de vacaciones en casa, estábamos comiendo y dice mi mujer: "Hay que ver cómo prohibieron el bingo en la peña bética, ehh!!" Los sábados en la peña bética cerca de casa se hacía un bingo que era algo más bien para el sustento de la propia peña, 50 céntimos el cartón, algo más que nada ocioso y sin sentido ludópata, hasta que llegó papá estado para reclamar lo suyo y no hubo más remedio que acabar con aquello.
"Vamos los 4 mañana a un bingo para recordar aquello?". Ayer por la tarde estábamos en la puerta del casino de Tomares, fotocopia del DNI, un breve cuestionario al entrar, y cuando digo que principalmente vamos a jugar al bingo se nos cae el mundo al suelo: "lo siento señor, no tenemos bingo desde noviembre". Se nos caen los planes de repente. El niño obcecado en jugar su bingo nos dice: "y si vamos al bingo que hay por resolana?" Cenamos algo y para allá que vamos.
Petado, en el parking no cabe ni un coche, el del garaje nos dice que busquemos aparcamiento por los alrededores, porque en la última hora solo ha ansioso un coche. Tras media hora dando vueltas conseguimos aparcar y entramos en aquel lugar difícil de describir. Un local con unas 100 mesas redondas totalmente abarrotadas de jubilados, cartones que vuelan, 2 euros cada cartón, los abuelos jugando cartones de 3 en 3, miro a mí derecha, en la mesa de al lado un abuelo que compagina buenos mordiscos a un muslo de pollo, el cual sólo suelta y se absorbe los dedos para coger el rotulador cuando sale uno de sus números en el cartón. Miro a otra mesa de alrededor y una camarera da dos besos a otra abuela mientras le echa un copazo al marido de ésta, el no levanta la cabeza de su cartón.
Salgo a fumar y paso por la zona de apuestas deportivas "a tomar por [..], Sabalenka" grita otro abuelo mientras le da golpes a la butaca donde está sentado. Vuelvo a la mesa y el niño, en búsqueda de casa, con la imposibilidad de momento de tener un proyecto de familia, me espeta: "buenas pensiones tendrá ésta gente". Agaché mi cabeza en el cartón con una mezcla de rabia e indignación sin saber todavía por qué todavía un chaval de estos no ha entrado en el bingo y se ha inmolado allí mismo.
"Vamos los 4 mañana a un bingo para recordar aquello?". Ayer por la tarde estábamos en la puerta del casino de Tomares, fotocopia del DNI, un breve cuestionario al entrar, y cuando digo que principalmente vamos a jugar al bingo se nos cae el mundo al suelo: "lo siento señor, no tenemos bingo desde noviembre". Se nos caen los planes de repente. El niño obcecado en jugar su bingo nos dice: "y si vamos al bingo que hay por resolana?" Cenamos algo y para allá que vamos.
Petado, en el parking no cabe ni un coche, el del garaje nos dice que busquemos aparcamiento por los alrededores, porque en la última hora solo ha ansioso un coche. Tras media hora dando vueltas conseguimos aparcar y entramos en aquel lugar difícil de describir. Un local con unas 100 mesas redondas totalmente abarrotadas de jubilados, cartones que vuelan, 2 euros cada cartón, los abuelos jugando cartones de 3 en 3, miro a mí derecha, en la mesa de al lado un abuelo que compagina buenos mordiscos a un muslo de pollo, el cual sólo suelta y se absorbe los dedos para coger el rotulador cuando sale uno de sus números en el cartón. Miro a otra mesa de alrededor y una camarera da dos besos a otra abuela mientras le echa un copazo al marido de ésta, el no levanta la cabeza de su cartón.
Salgo a fumar y paso por la zona de apuestas deportivas "a tomar por [..], Sabalenka" grita otro abuelo mientras le da golpes a la butaca donde está sentado. Vuelvo a la mesa y el niño, en búsqueda de casa, con la imposibilidad de momento de tener un proyecto de familia, me espeta: "buenas pensiones tendrá ésta gente". Agaché mi cabeza en el cartón con una mezcla de rabia e indignación sin saber todavía por qué todavía un chaval de estos no ha entrado en el bingo y se ha inmolado allí mismo.
