Cao de Benos: el marxismo ortodoxo que seduce fuera de la izquierda
Cao de Benos cae bien. Un representante de Corea del Norte en España, entrevistado, genera aprobación en un público que no se define como comunista, y a primera vista no cuadra. Pero el atractivo no está en el personaje: está en el hueco que ocupa. Donde buena parte del electorado espera izquierda clásica y encuentra otra cosa, un discurso marxista de manual, sin concesiones al presente, empieza a sonar razonable incluso para quien jamás votaría a un partido comunista.
El tirón del análisis sin matices
El patrón se repite con varios nombres de la llamada izquierda ortodoxa o paleomarxista: figuras que reivindican la lucha de clases y el estatismo y que desconfían de lo que llaman «liberalismo cultural». Su tesis central sostiene que la izquierda gobernante ha enterrado sus principios históricos y los ha sustituido por otras causas, hasta convertirse en gestora del sistema antes que en su adversaria. Da igual que la etiqueta no cuadre del todo: lo que engancha es el diagnóstico, no el programa.
¿Se vive mejor en Corea del Norte que en España?
Aquí llega el salto interesante. Hay quien sostiene que el análisis ortodoxo es sólido y que, en indicadores como vivienda, seguridad o cohesión, Corea del Norte sale mejor librada que España. Que alguien lo escriba hoy dice más del descontento doméstico que de Pionyang. La objeción es inmediata: un Estado policial que reprime la disidencia sin límite y sostiene una miseria económica insalvable no es un modelo, es una advertencia. La comparación, sin embargo, no se cae.
Sobre el entrevistado se ha señalado su presencia pública reciente, con apariciones en Tarragona, y vínculos con círculos de misterio que alimentan su perfil. Ni la ortodoxia ideológica ni esos flirteos lo explican del todo: lo explica el suelo que pisa.
Con este malestar de fondo, es previsible que voces como la suya sigan ganando audiencia entre quien ya no se reconoce en la izquierda que gobierna. Que eso se traduzca en algo más que entrevistas y aprobación de sobremesa es, con la evidencia disponible, bastante menos probable.