El ciclo alcista de las criptomonedas se agota y el mercado se parte en dos
¿Ha terminado el ciclo alcista de las criptomonedas? Es la pregunta que recorre cada mensaje de una discusión que arranca con una tesis tajante: las bajadas ya no son un bache temporal, sino el inicio de un mercado bajista con
máximos y mínimos cada vez más bajos. El detonante que se señala es una noticia sobre China difundida por medios internacionales, y a partir de ahí el precio encadena caídas sin freno. La consigna que abre el asunto es clara: pasar las posiciones a dinero fiat o a stablecoins antes de que sea tarde. La respuesta del mercado, sin embargo, es todo menos unánime.
La noticia de China que movió el mercado
La chispa que se cita es informativa:
una noticia sobre restricciones en China difundida por Reuters y amplificada por medios económicos internacionales. Sobre ese punto se levanta una corrección inmediata: las criptomonedas llevan
desde 2017 prohibidas para las entidades financieras chinas, de modo que el titular no describe un cambio normativo real. Quien sostiene esta lectura añade que el mercado ha picado el anzuelo y que las manos grandes compran a precio de saldo. La conclusión que se extrae es incómoda: la caída responde más a un relato que a un hecho nuevo.
Quién vende y quién aguanta la caída
El comportamiento de los participantes se divide en tres bloques. Un primer grupo liquida posiciones y lo celebra:
hay quien anuncia que se va de compras y quien recuerda que solo existen 21 millones de unidades. Un segundo bloque aguanta sin moverse, convencido de que la volatilidad es consustancial al mercado y de que vender en pánico es el error clásico. Un tercer grupo, el más incómodo, se queda atrapado en posiciones abiertas en máximos y asume que ya no puede hacer otra cosa que esperar. La frase que resume esa resignación es la de quien afirma que
se hundirá con el barco.
El soporte de los 30.000 y la trampa de los listos
La referencia técnica que se repite es la de los
30.000 como suelo y los
28.000 como siguiente estación, con un escenario que sitúa el precio en
20.000 en cuestión de días. El aviso que lanzan los más cautos es que esperar a que ese soporte aguante para comprar es precisamente lo que permite a los grandes barrer a los que se adelantan. La lectura del gráfico diario que se comparte apunta a una figura de hombro-cabeza-hombro y a una pauta bajista mensual difícil de revertir antes del cierre de vela. Hay quien va más lejos y proyecta
por debajo de los 10.000.
El apalancamiento como amplificador de las caídas
Una de las explicaciones más repetidas para la violencia de los movimientos es el uso de deuda. La tesis que se defiende es que
los que operan con apalancamiento provocan estos vaivenes al ser liquidados en cadena, y que si todo el mundo comprara al contado el precio subiría de forma más ordenada. Es un argumento que desplaza la culpa del activo al comportamiento de quien lo opera. La contrapartida, según esta misma corriente, es que las posiciones cortas también entrañan un riesgo enorme en un mercado capaz de subir sin avisar.
La guerra de relatos: del fin del mundo a la luna
El tono del asunto oscila entre el entierro definitivo y la fe inquebrantable. En un extremo se sostiene que
cada caída recupera menos y el mes cierra en rojo, señal de agotamiento estructural. En el otro se defiende que el dinero se digitaliza y que la tecnología está por encima del precio de hoy. Entre ambos aparece una corriente que atribuye la caída a una operación coordinada de las élites para comprar barato, una sospecha que no cuenta con pruebas y que se formula como tal. La única certeza compartida es que el mercado más volátil de la historia no admite certezas.
¿Merece la pena vender en pánico? La respuesta que da la experiencia de este ciclo es que quien compró arriba y aguantó ya no tiene una decisión fácil, y quien compró abajo tiene un problema distinto: decidir cuándo sale. El mercado, mientras tanto, sigue haciendo lo que siempre hace: mover el dinero de los impacientes a los bolsillos de los pacientes.