Monedas de 12 euros: media onza de plata al precio del papel
Comprar plata a precio de facial no ocurre todos los días. La moneda española de 12
euros —la de plata, no el billete imaginario— se despacha en las ventanillas del Banco de España por exactamente 12 euros, y quien la acumula sostiene que dentro van unos 16 gramos de metal, media onza. Traducido: se paga por debajo del valor de fusión. El matiz llega enseguida, porque las cifras que circulan no coinciden entre sí y la ventanilla no siempre tiene lo que uno busca.
¿Cuánta plata lleva de verdad una moneda de 12 euros?
El cálculo más repetido habla de unos
16 gramos, prácticamente media onza troy, que son 15,55 gramos. Con la plata en los mercados internacionales, sostener una pieza de 12 euros con ese metal dentro equivale a comprar con descuento. La referencia que se usa para comparar son las monedas alemanas de media onza, que se ofertan alrededor de los
11 euros. En teoría la española juega con ventaja: cantidad parecida de metal, algo más de precio, y una red de sucursales donde devolverla.
Ahora el detalle incómodo. Otra estimación que aparece en los mismos intercambios eleva el contenido a
18 gramos por pieza. Entre una cifra y otra media un 12% del metal, y ninguna de las dos viene acompañada de la ficha oficial del emisor. Es el primer dato que conviene verificar antes de hacer cuentas.
Dónde se compran y por qué el anonimato importa
Las delegaciones provinciales del Banco de España venden las monedas a valor facial, en efectivo y sin dejar rastro mientras no se compren a cientos. Quien acumula piezas de diez en diez o de veinte en veinte asegura que no le han pedido identificación ni justificante alguno. En una sucursal de Valencia quedaban más de cien unidades una semana antes; en la ventanilla 31 de Madrid la respuesta era más rotunda: de la emisión de 2010, las que se quieran. Lo que no cuadra es que, en otro momento y otra ventanilla de la misma ciudad, la respuesta fuera que ya no había existencias.
Después está el límite administrativo.
Desde el 1 de junio, el Banco de España sólo cambia 1000 euros al día, una restricción que no impide acumular pero sí obliga a planificar las visitas.
Doscientas monedas son tres kilos y medio de colchón
La aritmética del almacenamiento se cuela en todas las conversaciones sobre este producto, y no es un detalle menor.
Doscientas piezas de 18 gramos suman tres kilos y medio de metal, peso que obliga a repartir entre capas si se quiere dormir encima sin arruinar el somier. De ahí que el apartado logístico —bolsas de supermercado, cajas de bombones, compartimentos estancos— ocupe a veces más líneas que el propio análisis del metal.
El 500 francés: el mismo truco, con oro y menos gramos
Francia prueba la versión cara del experimento. Su moneda de 500 euros esconde
12 gramos de oro, frente a los 15,55 gramos de una media onza filarmónica que también cuesta 500 euros. La diferencia en contra del producto francés ronda el 22% en metal. Lo que compensa, y sólo en parte, son las condiciones de compra: en las oficinas de correos se despacha una pieza por persona, con prioridad para residentes franceses o suizos cuando la demanda aprieta, y la recompra posterior no aplica comisión. La emisión se agota en horas el primer día de encargos. El punto débil es evidente: si el euro se descompone, ese valor facial vale lo que el oro que lleva dentro, ni un céntimo más.
Del valor facial al 25-30% de sobreprecio
Las emisiones pequeñas nunca se quedan quietas en la ventanilla. Las monedas de 100 euros desaparecieron de los canales oficiales y reaparecen en plataformas de segunda mano con sobreprecios del
25-30%. Para la siguiente convocatoria se anuncia un precio de salida de 130 euros, y hay distribuidores que compran por debajo del oficial y prometen vender a facial, o algo menos, si el pedido es grueso. Quien llegó tarde paga la prima; quien quiere comprar a valor facial, madruga el primer día.
Nada de esto convierte la moneda de 12 euros en una apuesta redonda. El metal sube, la pieza sube; el metal cae, la moneda vuelve a valer 12 euros y se devuelve sin pérdida, que es exactamente su atractivo. Si el euro aguanta y la plata se mantiene por encima, la ventaja es real. Si algo de eso falla, quedará el consuelo de tener un par de kilos de metal blanco y una visita pendiente a la ventanilla.