La maternidad se retrasa: el problema no es solo el dinero
Las mujeres no tienen hijos porque no hay hombres para ello. Esta es la tesis que recoge un artículo periodístico, donde se analiza cómo la dificultad para encontrar parejas comprometidas con la crianza se suma a la precariedad laboral para postergar la maternidad. Lejos de la idea de priorizar la carrera, muchos estudios señalan que la congelación de óvulos es una respuesta a la falta de compromisos estables.
El coste de esperar al padre ideal
El retraso de la maternidad no es solo una decisión de estilo de vida. Las clínicas de reproducción asistida reportan un aumento de pacientes en la treintena que buscan vitrificar sus óvulos tras rupturas sentimentales o por la falta de un compañero dispuesto a asumir la corresponsabilidad. El coste de estos tratamientos oscila entre 6.000 y 7.000 euros por ronda. El resultado es un dilema vital: esperar a que aparezca un padre estable o asumir la maternidad en solitario.
La realidad de las clínicas de fecundidad
Las investigadoras Sara Lafuente y Marcia C. Inhoor coinciden en que la congelación de óvulos no es una herramienta para posponer la fertilidad por ambición profesional. Es, más bien, una medida de seguridad ante la incertidumbre relacional. La fertilidad femenina cae drásticamente tras los 35 años, y mucho más tras los 40. Mientras tanto, la calidad del esperma masculino también se deteriora a partir de los 39. La espera, por tanto, tiene un precio biológico alto.
El negocio de la maternidad tardía
Existe un debate sobre si las mujeres buscan hombres que las mantengan o si simplemente no encuentran parejas que cumplan sus expectativas actuales de corresponsabilidad. La conclusión es clara: la oferta y la demanda no se cruzan en el momento óptimo. Las leyes de divorcio y el marco legal actual se perciben como un mal negocio para los hombres, lo que reduce su disposición a firmar contratos de paternidad en las condiciones que muchas mujeres desearían.