Escrivá gasta casi un millón en masajes y pilates para el Banco de España
El Banco de España, bajo la dirección del exministro José Luis Escrivá, ha sacado a licitación un contrato de 943.736 euros para ofrecer masajes de fisioterapia y clases de pilates a sus empleados durante los próximos cinco años. El organismo lo justifica como parte de la prevención de riesgos laborales, según ha adelantado THE OBJECTIVE. Una cifra que, en un contexto de recorte de funciones del banco central por la absorción del BCE, levanta más de una ceja.
Un contrato de lujo para una institución en retirada
Desde que el Banco Central Europeo asumió gran parte de las competencias del Banco de España, la entidad ha visto reducido su peso real en la política monetaria. Sin embargo, su presupuesto para bienestar laboral no parece haberse resentido. El contrato, con posibles prórrogas de dos años, asciende a casi un millón de euros. Para ponerlo en contexto: con ese dinero se podrían pagar varias nóminas de técnicos o invertir en digitalización. En cambio, se destina a sesiones de pilates y masajes.
La justificación oficial –prevención de riesgos laborales– suena a eufemismo. Quienes han visitado la sede del Banco de España describen una cafetería siempre llena, lo que sugiere que el ambiente de trabajo no es precisamente estresante. La ironía no falta: algunos señalan que el dinero público se va en «vicios» o en servicios que ningún otro organismo público se plantearía.
Entre críticas y defensa del gasto
Las reacciones no se han hecho esperar. Por un lado, hay quien defiende que los programas de bienestar laboral reducen el absentismo y mejoran la productividad, y que un banco central debe cuidar a sus empleados. Por otro, la mayoría considera que, en plena crisis de inflación y con el BCE marcando el rumbo, el Banco de España debería dar ejemplo de austeridad. La duración del contrato –cinco años– también ha sido cuestionada: parece una apuesta a largo plazo que difícilmente se justifica con datos de demanda actual.
¿Y el contexto económico?
El gasto llega en un momento en que los tipos de interés siguen altos y las familias aprietan el cinturón. Mientras el BCE mantiene una política restrictiva, el Banco de España gasta en servicios que, para muchos, son superfluos. La pregunta inevitable es si este contrato pasaría el filtro de cualquier empresa privada en tiempos de vacas flacas. La respuesta, vista la reacción pública, parece clara.
Un precedente incómodo
Si el Banco de España justifica casi un millón de euros en masajes y pilates, otros organismos públicos podrían reclamar lo mismo. El riesgo de efecto contagio es real. Además, la transparencia de la licitación no evita la sospecha de que el dinero público se destina a caprichos más que a necesidades reales. Escrivá, que llegó al cargo prometiendo modernización, se enfrenta ahora a una polémica que huele a privilegio.
La predicción, con reservas: el contrato se ejecutará con menos ruido mediático del esperado, pero la imagen de un banco central gastando en lujos mientras la economía real se resiente quedará en la memoria. Y no será buena.