Nacionalizar SEAT: la propuesta que resucita la nostalgia y choca con la realidad
SEAT ya fue española. La regalaron. Ahora, una corriente propone comprarla de nuevo y ponerla en la cima con un equipo de gestores que jamás han pisado una cadena de montaje. La paradoja tiene miga.
El plan: nacionalizar y poner a políticos al timón
La propuesta, lanzada en círculos económicos, es simple: nacionalizar SEAT, poner al frente a figuras como Belarra, Rufián o Yolanda Díaz, y fabricar el coche que el pueblo necesita: barato, robusto, que llegue a 120 en un suspiro y que humille a Cupra. Miles de empleos, éxito de ventas, gloria nacional. El problema es que la realidad industrial no funciona así.
El pasado: de Fiat a Volkswagen, con un juicio de por medio
SEAT nació como fabricante bajo licencia de Fiat. Tras la ruptura en los años 80, la marca se las ingenió para crear el Ibiza original, el único modelo considerado auténticamente español, diseñado fuera de Fiat y antes de la entrada de Volkswagen. El Ronda, primer modelo tras la separación, derivaba del Ritmo, pero SEAT ganó un famoso juicio a Fiat por cambiar suficientes piezas. Luego llegó Volkswagen y la marca pasó a ser alemana. Como se ha señalado, «ya era española y la regalaron». Y no fue gratis: la Generalitat ha inyectado 100 millones de subvenciones en la planta de Martorell hace cuatro años, y el año pasado se conocieron nuevas ayudas según El Economista.
Los obstáculos: chinos, costes y el «chiringuito» de Chozas de Canales
La competencia china es el elefante en la habitación. Marcas como Geely o Saic están dispuestas a comprar cualquier fabricante europeo con problemas, y SEAT es un candidato perfecto. De hecho, hay quien pronostica que la marca acabará en manos chinas, vendiendo coches eléctricos con la insignia S. Mientras tanto, el plan de nacionalización se topa con la realidad de que no hay tecnología propia, ni plataformas, ni economías de escala. Y la ironía: el proyecto de poner a Otegui en calidad o a Óscar Puente en logística se ha comparado con un «chiringuito con vistas a Chozas de Canales», donde, según se dice, solo habrá paneles solares, centros de datos y almacenes. La industria, en fin, no se improvisa con nombres.
Nostalgia y realidad: el Ibiza que ya no existe
Hay algo de nostalgia en todo esto. El Ibiza SXI, el 600, los coches que aún circulan por los pueblos. Pero la nostalgia no es un plan industrial. El motor del Ibiza original, montado entre 1984 y 1993, daba 100 CV con 925 kilos, sin dirección asistida, y tenía problemas de consumo de aceite y agua. Eran otros tiempos. Hoy, fabricar un coche competitivo exige inversiones millonarias en I+D, electrificación y software, algo que ninguna nacionalización con políticos al mando va a resolver.
La pregunta queda en el aire: ¿quién paga la factura de una nacionalización que quizá acabe en manos chinas? Mientras tanto, la marca sigue siendo de Volkswagen y los coches que se venden en España se fabrican cada vez más lejos.