Treinta años de sueldos: España sube un 2,7% e Irlanda un 63%
En 1994, un trabajador español y uno irlandés cobraban prácticamente lo mismo. Tres décadas después, el
salario real irlandés se ha disparado un 63% mientras el español apenas ha arañado un 2,7%. El dato, recogido por
elEconomista, sitúa a España junto a Italia en el furgón de cola salarial de Europa. No es una crisis puntual: es una trayectoria. Y la conversación que ha generado el dato no se queda en la queja, entra en el porqué.
El crecimiento extensivo: más ocupados, mismos sueldos
La explicación más citada no apunta a un gobierno concreto sino a un modelo. España no ha crecido por eficiencia ni por productividad, sino sumando trabajadores: el PIB agregado sube porque hay más gente trabajando, no porque cada uno produzca más. Ese patrón se concentró entre 1999 y 2007 y ha vuelto en los últimos años. El resultado es una economía que engorda en número de ocupados y adelgaza en salario real.
El contraste con Irlanda es notable. Allí los sueldos se han multiplicado, hasta el punto de que un puesto de profesor universitario fuera de Dublín puede superar los 100.000 euros anuales, según el testimonio de alguien que se presentó al proceso. En España, ese mismo perfil rara vez se acerca. La brecha no es de un año malo: es estructural.
¿Por qué los precios alemanes con sueldos españoles?
Uno de los argumentos que más ha circulado es el de la paridad de precios sin paridad de nóminas. Llenar el carro de la compra en Berlín o Ámsterdam cuesta prácticamente lo mismo que en Barcelona, y la gasolina va por el mismo camino. La diferencia aparece al mirar la nómina: en Alemania o Países Bajos los salarios medios duplican con facilidad a los españoles. Mismo coste de vida, la mitad de ingresos.
Esa asimetría explica por qué la percepción de «no estamos tan mal» se desvanece en cuanto se compara el poder de compra. Y conecta con otro dato recurrente: los precios generales se han encarecido cerca de un 20% desde 2021 mientras los salarios subían un 13,65%. Seis puntos de diferencia que se comen cualquier mejora nominal.
El SMI, los convenios y el dumping laboral
La subida del salario mínimo aparece en la conversación con dos caras opuestas. Hay quien sostiene que encarecer el suelo salarial destruye empleo en los márgenes y cita casos de personas que habrían perdido su puesto tras el incremento de 2019. Enfrente, el argumento de que varios países europeos sin SMI legal —Austria, Dinamarca, Finlandia, Italia, Suecia o Noruega— tienen salarios altos precisamente por una negociación colectiva fuerte, no por ausencia de suelo.
El tercer factor que se repite es el de la inmigración como presión sobre los salarios bajos. Una parte del análisis la describe como dumping laboral que mantiene deprimidas las nóminas de la base; otra corriente lo discute y apunta a la falta de vivienda y a la rigidez del mercado como causas más relevantes. El desacuerdo sigue abierto.
Irlanda no es un paraíso fiscal, pero juega con ventaja
La objeción más repetida al milagro irlandés es que su economía sería ficticia, sostenida por un régimen fiscal ventajoso. El matiz importa: Irlanda no encaja en la definición estricta de paraíso fiscal —su sistema bancario no es opaco ni su fiscalidad está diseñada para no residentes— pero sí ofrece un Impuesto de Sociedades muy competitivo que ha atraído sedes europeas de multinacionales. España eligió el camino contrario: presión fiscal alta y un entorno menos amable para instalar empresas.
El coste irlandés también existe. La vivienda está en niveles de burbuja y una urgencia hospitalaria puede costar 150 euros de entrada. El nivel de vida no es homogéneo ni gratis. Pero el salario medio aguanta la comparación.
Queda el dato incómodo: la renta familiar española es inferior a la que había antes de la llegada del euro en 2002. Con esos mimbres, la pregunta no es cuándo se cierra la brecha con Irlanda, sino si el modelo de crecimiento extensivo tiene alguna intención de cambiar.