España ocupa el podio mundial del paro por detrás de Sudáfrica
¿Es España el tercer país del mundo con más paro? La pregunta se repite cada vez que se publican los datos de afiliación, y la respuesta depende de con qué vara se mida. Con la tasa armonizada que permite comparar economías,
Sudáfrica marca un 32,1% y España se queda en el
10,61%, muy lejos de ese registro pero con un dudoso honor: lidera el desempleo de la Unión Europea incluso en pleno agosto turístico. El tercer puesto que se atribuye a Nigeria no aparece en las tablas que suelen citarse. Lo que sí aparece es una brecha incómoda entre la cifra oficial y la letra pequeña.
El 10,61% oficial frente al 16% que se maneja fuera de las estadísticas
La cifra homologada de paro ronda el 10,6% y sirve para comparar con Francia (7,3%), Alemania (6,2%) o Italia (6,2%). Pero hay quien sostiene que el dato real se dispara hasta un
16% si se suman los casi
500.000 parados que no aparecen en las listas. El argumento no es nuevo: la estadística oficial mide a quien busca empleo activamente. Quien se cansa de buscar, o quien sobrevive con trabajos esporádicos, se cae de la foto y engorda el ejército de los que ya no cuentan.
A esa distorsión se añade otra. La Seguridad Social presume de cotizantes, pero cotizar no siempre equivale a trabajar. Casi
1,8 millones de perceptores de prestaciones engordan la cifra de afiliación. Vender récord de cotizantes como sinónimo de recuperación del empleo es, cuando menos,
optimista.
El verano que no salva el empleo español
Agosto suele ser un mes benévolo por el tirón turístico. No lo ha sido. El país perdió
193.704 cotizantes en el peor agosto de los últimos cinco años, y la destrucción de puestos de temporada se sitúa en niveles previos a la pandemia. Los despidos colectivos subieron un 51,9% en junio y los trabajadores con contrato suspendido aumentaron un 73,3%.
El patrón se repite cada verano: un país que vive del turismo no puede tapar con tres meses de temporada el agujero de los otros nueve. Los empleos de peonada, feria o suplencia sostienen a familias enteras, pero no construyen carrera ni patrimonio. Es el modelo de una economía de servicios, y tiene un techo bien visible.
¿Por qué España tiene más paro que sus vecinos europeos?
Una parte del análisis señala a la reconversión industrial de los años ochenta. El desmantelamiento del tejido fabril habría dejado al país sin la industria que después sostuvo a Alemania. La sospecha de que aquel proceso respondió a exigencias externas circula con fuerza entre quienes creen que España cedió su músculo productivo. Cierto o no, el resultado es un país con menos fábricas y más dependencia del ladrillo y del camarero.
La otra pata es el
salario. España figura entre los países de la UE con la mano de obra más barata y, a la vez, entre los que soportan mayor presión fiscal sobre la nómina. Un sueldo de
1.200 euros no compra lo mismo que en 2005, y las retribuciones llevan casi dos décadas estancadas. Cuando trabajar no da para pagar una casa ni formar una familia, cada vez más gente se pregunta para qué levantarse a las seis.
La paradoja migratoria: récord de extranjeros con el paro por las nubes
España es el tercer país de Europa en porcentaje de población extranjera, tras Alemania y Francia, con
casi 7 millones de residentes foráneos y 2,5 millones de nacionalizados. Cada año entran unos
800.000 extranjeros no comunitarios. Y sin embargo el desempleo entre los trabajadores extranjeros alcanza el
14%, su nivel más alto en cinco años, por encima de la media nacional.
El Gobierno ha anunciado una estrategia para traer trabajadores de África y mejorar la formación. La medida, conocida junto a la estadística de afiliación, ha sido interpretada por una corriente como señal de que la economía necesita mano de obra que la población local no cubre. Otra responde que un país con millones de parados no necesita importar trabajadores, sino activar a los que ya tiene. La discusión, vieja y sin resolver, va a seguir.
El paro juvenil, el verdadero agujero
Si hay un dato que descoloca es el de los jóvenes. España es el segundo país de la OCDE con más paro juvenil, y eso con una generación que acumula más formación que ninguna otra de la historia. Sin trabajo no hay alquiler, sin alquiler no hay emancipación y sin emancipación no hay natalidad. La ecuación demográfica se rompe por el eslabón del empleo.
La brecha generacional se cierra, cuando se cierra, con dinero público que sostiene a los mayores mientras los jóvenes esperan su turno. El resultado es una tensión silenciosa que cada vez menos gente se molesta en disimular.
Así las cosas, el tercer puesto del ranking mundial de paro tiene truco: si se mide con la vara de Sudáfrica, España juega en primera división del desempleo; si se mide con la de Nigeria, el podio se cae. Lo que no se cae es el sueldo del funcionario. Ese llega puntual a fin de mes.