Siete Harrier y ocho lanchas para avisar a Rusia a 4.000 kilómetros
El dispositivo aeronaval bautizado como Dédalo 24 reúne siete aviones Harrier, tres helicópteros de la Armada, ocho lanchas de desembarco anfibio y doce embarcaciones rápidas. El mensaje que acompaña a la demostración es una frase: «No es rentable atacar a un aliado». El problema es de aritmética elemental. Rusia está a cuatro o cinco mil kilómetros de las costas españolas, mientras la frontera sur queda a catorce kilómetros de Ceuta. La demostración de fuerza se hace, por tanto, en la dirección equivocada, y así lo interpreta buena parte de la conversación pública.
Qué es el Dédalo 24 y qué despliega
Las maniobras toman su nombre del portaeronaves Dédalo, aunque el buque que las protagoniza es el Juan Carlos I, un LHD de cubierta plana que opera aviones de despegue vertical y helicópteros. No es un portaaviones en el sentido clásico: no puede embarcar cazas convencionales y su grupo aéreo depende de los Harrier, un modelo que ya acumula décadas de servicio. Sobre esa base se monta el dispositivo: siete Harrier, tres helicópteros, ocho lanchas de desembarco y doce embarcaciones rápidas.
La confusión sobre el nombre tiene su gracia histórica. El Dédalo original fue el portahidroaviones que operó en el desembarco de Alhucemas en 1925, hace casi un siglo. El segundo Dédalo fue el portaaviones que sirvió durante el franquismo. Ninguno de los dos tiene nada que ver con el buque actual, que es el Juan Carlos I, botado ya en el siglo XXI. Tres generaciones de nombres para una capacidad que nunca ha dejado de ser modesta.
Cuántos buques de combate tiene realmente la Armada española
La discusión derivó rápido hacia el inventario real. Hay quien sostiene que la Armada española es la octava o novena del mundo, con más de 130 buques en total, de los que destacan once fragatas, cinco corbetas, un portaeronaves, tres buques de desembarco anfibio y tres submarinos. Entre las fragatas, las cinco F100 con sistema Aegis se consideran de lo mejor de su categoría.
El contrapunto llega desde el otro lado: si se descuentan patrulleros, auxiliares y embarcaciones menores, los buques de combate de verdad se reducen a un puñado. Las fragatas clase Santa María, derivadas de las Oliver Hazard Perry diseñadas en los años setenta, están en la fase final de su vida operativa y serán sustituidas por las F110. Los patrulleros BAM, aunque modernos, tienen potencia de fuego limitada, y los buques anfibios Galicia y Castilla no son plataformas de combate en sentido estricto.
El problema no es la Armada, es hacia dónde apunta
Aquí está el núcleo del asunto. La discusión sobre si la Armada española es potente o ridícula es secundaria frente a la pregunta de para qué se usa. Rusia no comparte frontera con España, no reclama territorio español y no tiene capacidad de proyectar una invasión anfibia sobre la península. Marruecos sí comparte frontera, sí hay una reclamación territorial pendiente sobre Ceuta y Melilla y sí se han producido maniobras militares cerca de Canarias.
El argumento que recorre la conversación es que la demostración aeronaval se dirige contra un enemigo lejano mientras se evita cualquier gesto equivalente hacia el vecino del sur. La frase «No es rentable atacar a un aliado» funciona como titular, pero también como confesión: se está disuadiendo a quien no amenaza.
La evolución del debate: de la anécdota al inventario
La conversación arrancó con una observación sobre lo cómico del titular y derivó hacia un inventario detallado de capacidades navales. Se discutió el nombre del buque, la antigüedad de los Harrier, la dependencia de sistemas estadounidenses como el Aegis o los F-35, y el estado de los submarinos S-80. También apareció la comparación con otras armadas: la brasileña, la chilena, la mexicana, la argentina. El consenso, si existe, es que la española está por encima de casi todas las latinoamericanas pero muy lejos de las potencias reales.
Qué pasa con Marruecos mientras se mira a Moscú
El punto que más recorrido tiene es el desequilibrio de atención. Mientras se despliegan Harrier para disuadir a Rusia, la frontera sur sigue siendo el punto débil. La inmigración irregular, el tráfico de drogas y las reclamaciones territoriales sobre Ceuta y Melilla son problemas concretos que no se resuelven con maniobras en el Mediterráneo oriental. La pregunta que queda flotando es si la Armada está defendiendo los intereses de España o los de sus aliados.