España no necesita geólogos: la realidad del paro
En plena campaña de matriculación universitaria, las facultades de geología vuelven a vender la idea de que España necesita más titulados en esta disciplina. La realidad que relatan quienes ya pasaron por el grado es muy distinta: una carrera con pocas salidas, un exceso de oferta y un sistema que, según algunos, solo la utiliza para abaratar los salarios.
La promoción que no ejerce
El testimonio central es demoledor: un graduado en ingeniería civil que después cursó geología asegura que nunca ha trabajado de geólogo y que ninguno de sus compañeros de promoción ejerce la profesión. El patrón se repite en dos promociones anteriores y dos posteriores. Quienes intentaron salir al extranjero, principalmente a Chile, tuvieron que regresar cuando el sector minero expulsó a una parte importante de su fuerza laboral.
El dato no sorprende a los analistas del mercado de trabajo. Las facultades españolas emiten miles de nuevos titulados en geología cada año, pero el tejido productivo no los absorbe. La construcción y los estudios técnicos los cubren los ingenieros de caminos y de minas. La investigación queda en manos del Instituto Geológico y Minero y del Instituto Geográfico Nacional, ambos con acceso por oposición. El resultado: un geólogo es tan útil en España como un filósofo o un sociólogo; depende de lo público, y lo público está saturado.
Una demanda que no es tal
Otra corriente va más allá y sospecha una maniobra deliberada. Si se dejan de formar geólogos, estos podrían encarecerse. Por tanto, interesa que sigan saliendo titulados, no para que trabajen, sino para mantener la profesión barata. En esta lectura, la supuesta escasez de geólogos es un señuelo; la escasez real es de trabajadores cualificados dispuestos a cobrar poco. La palabra que siempre se omite en los discursos oficiales: baratos.
La falta de demanda también tiene un componente político. La prohibición de investigar en hidrocarburos y física nuclear ha cerrado las puertas de dos sectores que tradicionalmente daban empleo a estos profesionales. Los pocos puestos que quedan en el sector público son ocupados por ingenieros de minas, con los que los geólogos no pueden competir.
El análisis se atasca en un punto: no hay consenso sobre si el problema es la falta de salidas o un desajuste voluntario entre universidad y mercado. Lo que queda claro es que la geología, como otras humanidades científicas, se ha convertido en una carrera de puerta giratoria hacia la oposición, cuando no hacia el paro.