Interior recula en el nuevo registro de viajeros
El Ministerio del Interior ha dado marcha atrás en el registro de viajeros, después de que el sector turístico se rebelara contra la obligación de remitir a Interior los datos de cada huésped. La retirada alivia a los hoteleros. No convence a los viajeros, que llevan meses preguntándose hasta dónde llega la letra pequeña. Y deja una pregunta abierta: ¿reculada definitiva o simple compás de espera?
El
Real Decreto 933/2021, de 26 de octubre —BOE-A-2021-17461—, establece las obligaciones de registro documental e información de quienes ejercen actividades de hospedaje y alquiler de vehículos. Llevaba tres años aprobado. Se ha desplegado cuando ha tocado. Con ese precedente sobre la mesa, hay quien asume que la
marcha atrás tiene fecha de caducidad.
Qué datos pedía el registro de viajeros a los hoteles
Del establecimiento, el sistema reclama el CIF o NIF, el nombre, el municipio y la provincia. Del viajero, la lista es más larga: número del documento de identidad, tipo de documento, fecha de expedición, primer y segundo apellido, nombre, sexo, fecha de nacimiento, país de nacionalidad y fecha de entrada. A eso se sumaban, según el planteamiento que ha circulado, el teléfono, el correo electrónico y los datos bancarios. Es ahí donde el asunto se convirtió en un polvorín.
No es lo mismo pedir un DNI que pedir la cuenta corriente. La información bancaria solo debería llegar a un tercero con una orden judicial de por medio. Cuando el receptor es el recepcionista de un hotel, la cadena de custodia se convierte en papel de fumar. El propio sector admite que ya remitía a Interior las pernoctaciones; el salto consistía en ampliar el paquete.
La rebelión hotelera y la marcha atrás de Interior
La presión del sector turístico fue el detonante. Interior anunció que no exigirá más datos del nuevo registro de viajeros. La noticia corrió por los canales de siempre y arrancó dos reacciones casi simultáneas: alivio entre quienes operan con reservas internacionales y desconfianza entre quienes llevan años oyendo promesas de simplificación administrativa.
Hay quien sostiene que es una maniobra de distracción: en un par de meses nadie hablará del tema y la exigencia volverá por la puerta de atrás. Frente a eso, el argumento contrario es sencillo. Si el sector se ha plantado en bloque, reabrir la norma tiene un coste político que nadie quiere pagar.
«No es obligatorio tener correo, teléfono ni cuenta bancaria»
El argumento más repetido es de lógica elemental: en España no es obligatorio disponer de correo electrónico, teléfono móvil ni cuenta bancaria. ¿Cómo va a ser obligatorio facilitar un dato sobre algo que no es obligatorio tener? La pregunta la han lanzado jubilados de 75 años, personas sin tarjeta y cualquiera que haya intentado rellenar el formulario con la mano temblorosa.
Las salidas que se barajan son de manual. Pagar en efectivo, que sigue siendo medio de pago legal y de aceptación obligatoria. Inventarse el correo: quien lo hace recuerda con sorna que al renovar el DNI la propia policía lo pide, y que ahí cabe cualquier dirección ficticia. Cambiar el último dígito del teléfono cuando lo reclaman en un servicio de media distancia. Y si el formulario es de papel, escribir lo que sea: el recepcionista tramita, no investiga.
«Leñador». Lou Reed contaba que respondía eso cuando le preguntaban la profesión en formularios absurdos. La referencia ha vuelto al debate como pequeña rebelión de salón: si el dato no sirve para nada, la respuesta tampoco tiene por qué ser cierta. Lo adorna un detalle que no es menor, y es que cada vez más hoteles piden tarjeta de crédito aunque pagues en metálico.
El riesgo que nadie audita: bases de datos de hoteles
Y aquí llega el punto incómodo. Un DNI escaneado en recepción, una foto hecha con el móvil personal del encargado, un formulario guardado en un cajón digital sin cifrar. Con nombre, apellidos, teléfono, correo y fechas de estancia se construye un perfil bastante íntimo. Entre otras cosas, permite saber si una casa está vacía en una semana concreta.
Ahí no hay ministerio que valga. El riesgo no es el boletín oficial, es el USB de la recepción. Se han dado hasta felicitaciones de cumpleaños enviadas al domicilio del cliente por un establecimiento que tenía bien guardada la ficha. Imaginación no falta; protección, a veces sí.
Sexo, «otros» y la verificación imposible
La casilla de sexo añade otra capa de surrealismo: tres opciones —mujer, hombre u otros—. ¿Quién comprueba la veracidad del dato? ¿El recepcionista, con qué protocolo? La pregunta se contesta sola. Nadie, a tenor de lo que se comenta. Es previsible que muchos establecimientos rellenen un formulario, escaneen el documento y suban el paquete a la plataforma sin leerlo.
Los paralelismos internacionales se han hecho sin pudor. Hay quien coloca a España en un nivel de control superior al de Corea del Sur o Estados Unidos, y quien recuerda el pasaporte covid como precedente: una exigencia que, según se sostiene en el debate, no tenía cobertura legal clara y que se aplicó a diario en bares y restaurantes, hasta el punto de que el que se negaba era el raro.
El cierre provisional invita a un optimismo tibio. Si la presión del sector se sostiene y el sistema se queda en un registro de datos básicos, la mayoría de los viajeros no notará gran cosa en la recepción. Si Interior recupera el paquete completo dentro de unos meses, el campo está abonado: correos inventados, teléfonos con un dígito cambiado, efectivo y una desconfianza que ya no se desmonta con una nota de prensa.