España se hunde en PISA 2025: caída en todas las asignaturas y brecha creciente con la UE
No hay manera de maquillarlo: España ha sacado en PISA 2025 su peor resultado desde que la OCDE mide el nivel educativo de los estudiantes de 15 años. Y no es solo una mala racha: la caída se produce en las tres competencias evaluadas —Matemáticas, Ciencias y Lectura—, mientras la distancia con la media europea se agranda. El dato que más ruido ha hecho, sin embargo, es otro: uno de cada cinco alumnos (20,3%) tiene origen migrante, cuatro puntos por encima del promedio de la OCDE. El debate está servido.
Los números que no admiten trampa
España baja en todo, pero lo hace con matices territoriales. Madrid es la comunidad que mejor puntuación obtiene, situándose por encima de la media europea y de la OCDE. En el extremo opuesto, Cataluña vuelve a suspender, y hay quien señala que la Generalitat ha intentado maquillar la muestra: la discusión sobre la manipulación de la muestra en PISA es recurrente. Y no es solo Cataluña: según los datos que se han barajado, Murcia excluyó al 12% de sus alumnos y Baleares al 7,5%, cuando el límite permitido es del 5%. Si esas exclusiones se eliminan, los resultados reales serían todavía peores.
El factor migratorio: ¿causa o chivo expiatorio?
Uno de los ejes del análisis es el impacto de la inmigración en los resultados. Se ha señalado que la brecha entre alumnado nativo y migrante se reduce drásticamente cuando se ajusta por nivel socioeconómico, situando a España con una diferencia inferior a la de la OCDE y la UE. Pero hay corrientes que rechazan ese ajuste: sostienen que el nivel socioeconómico es consecuencia del rendimiento, no causa. Argumentan que el problema es que los estudiantes con menos preparación —muchos de ellos de origen migrante— acaban lastrando el ritmo de toda la clase. La discusión, muy viva en el foro, tiene implicaciones directas en las políticas de integración escolar.
Madrid, la excepción que confirma la regla
Mientras la media nacional cae, Madrid aguanta el tipo e incluso supera a Europa. Hay un dato que llama la atención: el 50% del alumnado madrileño estudia en centros privados o concertados, que sacan una media de 40 puntos más en PISA que los públicos. Es la región con mayor porcentaje de estudiantes fuera de la red pública, lo que alimenta el debate sobre si la clave está en el modelo educativo o en la composición social de los centros. El caso de Madrid se contrapone al del País Vasco, donde la proporción de privada es aún mayor, pero los resultados son de los peores. El factor socioeconómico, parece, no lo explica todo.
Profesores, gamificación y móviles
El debate también alcanza al profesorado. Desde las aulas se denuncia que la pedagogía «posmoderna» ha convertido el colegio en un parque de juegos: la gamificación, el aprender jugando, ha dejado de lado los contenidos básicos. Como ejemplo, un profesor de secundaria relata que un alumno de 12 años no sabe calcular la vuelta de 5 euros al pagar 1,75 en chucherías. Otros apuntan a la pérdida de autoridad de los docentes, que se ven obligados a vestir con leggins y camisetas reivindicativas para encajar, y que algunos se graban bailando con sus alumnos en lugar de impartir clase. Mientras tanto, en la Comunidad Valenciana los docentes reclaman más de 500 euros mensuales extra por sus espléndidos resultados. Ironías al margen, el malestar es real.
¿Y ahora qué?
El panorama es desolador, pero no irreversible. La caída de PISA es un síntoma de un problema más profundo: la baja exigencia, la desmotivación y la brecha creciente entre los que estudian y los que no. Si el sistema no se reforma en serio, las consecuencias se notarán en la productividad y en el empleo dentro de unos años. Pero como toda crisis, abre la puerta a un cambio. Otra cuestión es si los responsables políticos estarán a la altura. Por lo pronto, la pelota está en el tejado del Ministerio y de las comunidades autónomas.