España roza los 50 millones y el hilo se parte por las citas
Dos enlaces de El Economista entran casi seguidos y nadie los discute. Uno, de agosto, sostiene que España roza los 50 millones de habitantes y que el aumento de extranjeros salva al país de un retroceso de población. Otro, de septiembre, que la eurozona firmó su mayor crecimiento en un año con un
0,6% en el segundo trimestre y que España sigue siendo la que más crece. Los sueltan, se dan por buenos y el hilo continúa. Pero ya no hacia el mismo sitio.
Qué se ha sabido
Primero, los dos enlaces, pegados sin comentario largo. El de agosto:
España roza los 50 millones y es el aumento de extranjeros el que evita un retroceso de población. El de septiembre: la eurozona crece un
0,6% en el segundo trimestre y España repite como la economía que más tira del bloque. Alguien resume el panorama en tres palabras: «España, país 404».
Segundo, la economía contada por otro lado. Un participante sostiene que todo esto es
negocio de corto plazo: el IBEX 35 y las grandes empresas de consumo suman millones de clientes nuevos que hinchan caja, y cuando no tienen dinero lo pone el aparato público. Su lectura es que hay una transferencia de renta de las clases trabajadoras hacia esas empresas, con los recién llegados de intermediarios. Añade que la mayoría no cubriría con sus cotizaciones lo que saca del sistema y que ya están entrando personas que en diez años cobrarán pensión. Es su tesis, sin datos oficiales que la respalden.
Tercero, las cifras de cosecha propia, que no llevan fuente y nadie pide. Uno calcula que
16 millones de votantes siguen votando a los mismos y mete en el mismo saco a PSOE, PP y Vox. Otro reparte la culpa entre el que solo se preocupa por la caña en el bar y la izquierda que gobierna. Y una comparación que aparece aquí por primera vez: la de la esclavitud. Un forero dice que a los esclavistas el negocio les salía más caro, porque debían dar alojamiento, comida y atención médica y responder si alguno la liaba. Ahora, dice, eso último lo paga «la sociedad».
Cuarto, el ladrillo, en versión corta. Alguien pregunta a qué viene esa gente y responde él mismo con otra pregunta:
a vivir cincuenta en un piso. Y avisa de que cuando reviente todo, que queda poco, ya se verá.
Dónde está la bronca
El hilo se parte en tres y el reparto es desigual.
El primer trozo sigue donde estaba. Unos cuantos discuten de economía y de política y no se mueven de ahí. Se añade una pieza: la oposición tampoco se salva. Alguien sentencia que lo que pasa también será por negligencia de la oposición. Y vuelve la carga contra los votantes, que según otro participante son los primeros responsables de todo.
El segundo trozo es el que se lleva la tarde, y ahí es donde el hilo se va al mercado de citas. Un forero sostiene que las mujeres eligen por dinero, que hay encuestas que dicen que un
80% no saldría con alguien que cobre menos y que la hipergamia lo explica todo. Le contesta otro que eso es una excusa, que conoce a gente normal con parejas normales y que no sabe en qué entornos se mueve. Se suman más: uno pregunta si solo los bien posicionados tienen pareja, otra defiende que en su entorno hay más herederas de pisos que chicos. El intercambio se cruza entero con el tema del hilo y solo lo toca de refilón.
El tercero es una pelea de una sola línea. Alguien avisa de que a la mínima crisis que haya se va a liar y que no habla de violencia, sino de situaciones muy dramáticas. No le responde nadie.
Qué cambia respecto a antes
Lo de blindar pisos y preparar la maleta se ha quedado atrás. Sigue ahí, pero ya no es el centro. El centro ahora es una cifra:
50 millones, con la coletilla de que sin los extranjeros la población caería. Eso da la vuelta al argumento de la víspera: ya no se discute solo cuántos llegan, sino qué pasaría si dejaran de llegar.
Y entra un asunto que no había aparecido: la economía de los que ya están. El consumo, las ayudas y las pensiones futuras. Más un desvío de media conversación hacia el mercado de citas, que nadie ha pedido y que se ha comido más mensajes que el tema original.