Francia: el gigante demográfico que se quedó atrás
Francia tiene 121 habitantes por kilómetro cuadrado. Alemania, 236. Inglaterra, 438. Países Bajos, 520. La comparación duele porque Francia no tiene la excusa del secarral ibérico: grandes llanuras, ríos caudalosos, clima suave y lluvias frecuentes. En la Edad Media era el país más poblado de Europa con mucha diferencia. Hoy, sus vecinos le han pasado la mano por la cara. La pregunta que planea sobre los datos es incómoda: ¿por qué el desarrollo demográfico francés se estancó mientras el resto de Europa occidental se apretaba en el territorio?
El reparto igualitario de la herencia como freno demográfico
Una de las hipótesis que circulan apunta al Código Civil napoleónico. La Revolución Francesa convirtió el campo en una sociedad de
pequeños propietarios que tendían a procrear menos porque tener muchos hijos era un problema, no una bendición. El sistema igualitario de herencia fragmentaba la tierra y desincentivaba las familias numerosas.
El contraste con España es revelador. En Cataluña existía el
hereu, un sistema de heredero único que concentraba el patrimonio. Y sin embargo, en el siglo XIX Cataluña tenía una de las tasas de natalidad más bajas del mundo. En Galicia, donde las tierras se repartían entre los hijos generando un minifundismo atroz, las mujeres parían entre 8 y 10 hijos. La correlación no es perfecta.
Hay quien sostiene que sin el amplio exterminio de jóvenes franceses durante las guerras napoleónicas, la estructura de propiedad agraria del siglo XIX habría sido distinta. Pero el impacto demográfico de las guerras no explica todo: en 1820, con los conflictos terminados, la proporción entre Francia y Alemania ya mostraba signos de reversión.
París devora al país: macrocefalia y centralismo
París pasó de poco más de
500.000 habitantes en 1800 a 2.700.000 en 1900. Un crecimiento que multiplicó por cinco la capital mientras el resto del país se vaciaba lentamente. El hipercentralismo y la macrocefalia parisina han generado un efecto de vaciado que concentra población y recursos en la Île-de-France hasta extremos que, según algunos participantes, dejan de ser eficientes.
La comparación con España resulta tentadora: Madrid pasó de 150.000 a 500.000 habitantes en el mismo periodo. Barcelona, de 100.000 a 500.000. Pero los municipios del entorno barcelonés —Sabadell, Terrassa, Manresa, Mataró, Rubí— también crecieron, algo que no ocurrió alrededor de París con la misma intensidad.
Francia tiene, según algunos análisis,
14 grandes aglomeraciones regionales con más de medio millón de habitantes: Lille, Rouen, Rennes, Nantes, Burdeos, Toulouse, Montpellier, Marsella, Tolón, Niza, Grenoble, Lyon y Estrasburgo. Desarrolladas expresamente para contrarrestar el peso de la capital. El problema es que ninguna compite realmente con París.
¿Por qué Francia no emigró a América como Alemania o Italia?
Alemanes e italianos emigraron masivamente al continente americano en el siglo XIX. Los franceses, no. La cultura francesa no cultivaba el atractivo de emigrar a colonias ajenas. Mientras tanto, el éxodo rural francés se dirigía a París, no a ultramar. La pérdida del imperio colonial acrecentó ese fenómeno: sin colonias propias a las que marcharse, la población se volcaba aún más en la capital.
El sistema familiar nuclear anglosajón, que considera la familia como la pareja y no como una red extensa de herencias, habría facilitado el capitalismo puro. Los hijos no esperaban herencia y espabilaban por su cuenta. En Francia, el reparto igualitario generaba litigios por bienes no divisibles y, a largo plazo, empobrecía a la sociedad en lugar de acumular capital.
La geografía cuadrada y el comercio interior
Francia es un país cuadrado, con extensión similar en latitud y longitud. Eso genera mucho territorio interior alejado del mar y de fronteras internacionales, menos proclive al comercio y más dependiente de la producción agrícola. Gran Bretaña o Italia, más alargadas, tienen todas sus regiones cerca de la costa.
La anexión de Occitania por París también tuvo consecuencias. El sur francés era más rico que el norte: Marsella y Toulouse comerciaban con Génova, Barcelona y Milán mientras el norte lidiaba con piratas. De haber prevalecido esa dinámica, el eje Bilbao-Venecia podría haber sido el núcleo económico del sur de Europa.
El punto ciego del análisis
Los datos de densidad son incontestables. Las hipótesis sobre herencia, centralismo y geografía tienen solidez. Pero ninguna explica por qué Francia, con ayudas natalistas que otros países envidian, sigue por debajo de sus vecinos en presión demográfica. El enigma queda abierto.