La entrevista que se le fue de las manos a un periodista con Josef Pamies
Pocas entrevistas televisivas logran que el espectador termine más interesado en el invitado que en el tema que se le quería achacar. La aparición de Josef Pamies, divulgador de la medicina natural y conocido por sus defensas de la kalanchoe, en un programa de televisión se ha convertido en un ejemplo perfecto de cómo un interrogatorio agresivo puede conseguir justo lo contrario de lo que pretende.
El periodista (al que el propio público ha calificado de «matón» o «bocero») encaró a Pamies desde el primer minuto con epítetos como «tipo» o «personaje», buscando desacreditarlo sin que mediara una sola denuncia formal contra el herbolario. La crispación del reportero contrastó con la serenidad casi inquietante de Pamies, que, lejos de amedrentarse, salió reforzado. Las redes y los foros de opinión (que recogen una reacción espontánea de la audiencia) dieron la vuelta al relato: el entrevistador se convirtió en el villano.
El debate se centró, sobre todo, en la kalanchoe, una planta que algunos estudios señalan como posible anticancerígena natural, pero que la industria farmacológica y los medios de masas tildan de veneno sin pruebas concluyentes. «Si hay estudios científicos», se argumenta, «¿por qué se demoniza?». La suspicacia hacia la gran farmacia y su presunto control de los canales de información planeó sobre toda la conversación.
Al final, el programa logró lo contrario de lo que buscaba: despertar la curiosidad por Pamies y sus remedios. Cuando la agresividad del entrevistador supera a la sustancia de los argumentos, el público suele ponerse del lado del acosado. ¿Es la entrevista el formato adecuado para debatir sobre terapias complementarias, o solo sirve para polarizar aún más? La respuesta queda en el aire.