Agosto de 2015: el Ibex cayó un 13% y el crash llegó tarde
Un aviso publicado el 4 de agosto de 2015 anunció que al día siguiente empezaba un crash bursátil. Las caídas, decía, serían más fuertes de lo que muchos podían imaginar. La recomendación no admitía matices: fuera de cualquier valor del
IBEX 35 o, en su defecto, en posición corta, con
Ferrovial, Acciona y ACS como candidatos ideales para apostar a la baja. El mensaje terminaba con un
avisados estáis que seguiría dando conversación semanas después.
La fecha, además, era concreta. Eso convierte la predicción en algo verificable y, también, en algo incómodo. Porque el
5 de agosto de 2015 no hubo crash.
Qué pasó el 5 de agosto de 2015
El día señalado pasó sin desplome. La respuesta fue casi unánime: otro día sin la anunciada
fiesta bajista y otro aviso de que el crash llegaría mañana. La mañana siguiente dio al autor de la predicción su primer as en la manga:
Codere subió un 31% y no tardó en recordarlo, aunque una subida del 31% tuviera poco que ver con una caída. El reconocimiento del fallo fue parcial, del tipo
me equivoqué en el tiempo pero no en la forma, y el arranque se reprogramó para el día siguiente: el Ibex camino de los
9.800 puntos ese mismo mes y sin descartar los 9.600.
Los objetivos: Ibex en 8.200 y Nasdaq en 2.860
El 12 de agosto llegaron las cifras. Quedaron escritas así: el Nasdaq composite bajaría a
2.860 puntos en la primera onda a la baja, el Ibex a
8.200, el DAX a
7.000, el S&P 500 a
1.220 y el Dow Jones a
11.000. Las cuentas que se hicieron sobre esa lista eran llamativas: para el Ibex, el objetivo equivalía a un 26% por debajo del cierre del día anterior; en el S&P 500, el Dow y el DAX, las caídas implícitas rondaban el 40%. El desglose índice por índice da una foto que no se parece a una corrección de verano.
La caída llegó, pero el detonante fue el yuan
Aquí está el problema de fondo. Las bolsas sí cayeron. Pero
la devaluación del yuan estuvo detrás de los descensos, y eso nadie lo había puesto en el radar: era imposible saberlo y, menos aún, clavar el día exacto. Ese matiz desmonta el relato de la premonición. Las magnitudes tampoco ayudaban: un día de caída del
1,41% en el Ibex y del 1,06% en el S&P 500 no es un crash, es una corrección que apenas debería despeinar a un inversor de largo plazo. El balance acumulado sí fue serio —
1.465 puntos, un 13%—, pero llegó por una vía que el aviso no había previsto.
¿Qué es el CAPE y por qué se usó como argumento?
La única cifra de peso que se puso sobre la mesa antes de acertar fue el
CAPE del S&P 500, en 27,2, un 64% por encima de su media histórica de 16,6. Ese ratio ajusta el PER por el ciclo económico y sirve para medir si una bolsa está cara. A partir de ahí, el razonamiento se apoyaba en que el dólar iba a caer con fuerza y arrastraría a las bolsas, más los ciclos económicos de
7 años y los ciclos largos de Kondratiev, de
75 años. Ese tipo de argumento tiene un defecto conocido: dice que algo va a pasar, pero no cuándo. Y en bolsa el cuándo es todo.
El precedente de agosto de 2011
El paralelismo que se trajo a la conversación fue el de
agosto de 2011, con la rebaja de la nota de la deuda estadounidense: el oro pasó de 1.600 a 1.900 dólares, el S&P 500 perdió un 15% en pocos días, las biotecnológicas se dejaron de media un 30-40% y el Ibex se fue 2.000 puntos abajo. Entonces, el S&P 500 había perdido el soporte de 200 sesiones, las biotecnológicas caían un 15% en dos días, el euro-dólar rebotaba desde
1,0840 y el oro tocaba los
1.110 dólares desde los 1.180. La analogía invitaba, como mínimo, a mirar el calendario.
El historial que nadie quiere recordar
El crédito del aviso arrastraba una factura. Hubo quien recordó que llevaba
tres años avisando de lo de Codere, con gente que había tomado decisiones a partir de esos avisos y había perdido mucho dinero por el camino, además de carteras vaciadas operando en divisas. La defensa fue que los seguidores pudieron vender por encima de
2,50 euros. El contragolpe llegó en forma de lógica elemental: acertar entre subir y bajar no es acertar. Insistir cada día con la misma predicción hasta que una llega no demuestra nada.
Con el Ibex un 13% abajo, el CAPE en 27,2 y una caída que se produjo con días de retraso y por un motivo que nadie había nombrado, la cosa se queda justo donde no hay manera de zanjarla: si aquello fue una premonición o, simplemente, una apuesta repetida hasta que la ruleta cayó del lado bueno.