¿Estamos todos enganchados a internet sin querer admitirlo?
Un debate reciente ha reabierto una pregunta incómoda: ¿hemos cambiado el smartphone por el PC, pero seguimos pegados a la misma red? La reflexión parte de una evidencia cotidiana: quien no se engancha al móvil, lo hace al ordenador. Y el culpable no es el dispositivo, sino el propio internet. Sin conexión, el PC se quedaría en una máquina de escribir con juegos de los 90. Hoy, en cambio, todo el ocio pasa por una pantalla conectada.
Del winmodem al doom scrolling: treinta años de dependencia
La perspectiva histórica la aporta quien recuerda instalar un winmodem hace tres décadas: lleva enganchado desde entonces. Pero la conciencia del problema, según el análisis, no llegó hasta pasado 2010. A partir de ahí, la escalada ha sido imparable. Incluso los que se declaran usuarios de PC se libran del doom scrolling, pero no de la conexión constante. La ironía es que el mismo internet que abrió una ventana al mundo, según una metáfora, se ha convertido en una puerta cerrada.
¿Y si internet se cae un día?
El escenario límite dibuja una catástrofe global: si la red cayera durante 24 horas, la dependencia se haría visible. Desde pagar impuestos -el único uso que algún comentario reconoce- hasta el entretenimiento, todo pasa por la conexión. La pregunta que flota es si somos conscientes del grado de adicción o si, como sugiere el título, preferimos no mirarlo.
Hay quien defiende que la adicción es real y creciente desde 2010; otros la matizan señalando que siempre ha estado ahí, solo que ahora se normaliza. El consenso implícito: estamos tan dentro que cuesta ver la salida. Como dice un participante, entre el ser y el estar, en español tenemos ambos verbos para la adicción; quizá deberíamos aplicarlos.