Extraterrestres según la Biblia: ¿somos nosotros los aliens?
La respuesta a si los extraterrestres están aquí depende de a quién le preguntes. Una corriente de interpretación bíblica sostiene que sí, y que los vemos cada día al mirarnos al espejo. La base está en Génesis: los "hijos de Dios" que tomaron mujeres humanas engendraron a los Nefilim, gigantes de la antigüedad. Pero lejos de naves y platillos, se habla de razas espirituales —Giborim, Anakim, Refaim, Amalekim y Nefilim— que hoy, según esta lectura, seguirían entre nosotros como almas encarnadas en cuerpos humanos. Nada de grises orejudos ni reptilianos mazados.
El debate teológico: ¿entidades espirituales o aliens de carne y hueso?
La discusión enfrenta dos visiones. Una, apoyada en la tradición judía (Midrash Shemot Rabba), afirma que los pasajes bíblicos sobre los "hijos de Dios" se refieren a entidades espirituales no encarnadas, cuyos descendientes —humanos de cuerpo pero no de alma— fueron borrados en el Diluvio. La otra, más popular en la ufología, identifica a esos seres con extraterrestres físicos que habrían manipulado la genética humana. El conflicto se resume en una frase: "No que se sepa. Toda referencia a la Torá se refiere a descendientes de energías".
La postura más terrenal recuerda que la humanidad ya es una mezcla: almas impuras de Caín y energías "extraterrestres" según el relato, y que el diluvio fue un intento fallido de limpiar esa genética contaminada por la serpiente. Al final, la idea de que los extraterrestres somos nosotros mismos —con nuestra dualidad entre bien y mal— tiene un poso incómodo: si miramos al espejo, ¿qué vemos exactamente?
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