El mito de que con Franco no pasaba: crimen y prensa amarilla
¿Qué había detrás del mantra «esto con Franco no pasaba» cuando se habla de sucesos y prensa amarilla? El resurgir de un viejo debate enfrenta dos lecturas: la de una época donde los crímenes eran silenciados por el régimen, y la de un presente donde el sensacionalismo campante se da de bruces con la nostalgia selectiva.
El periódico "El Caso" fue el paradigma del sensacionalismo en los años 50 y 60, especializado en crímenes y sucesos. En la discusión sobre su legado, algunos señalan que publicaba noticias falsas —fake news avant la lettre—, mientras otros recuerdan que la dictadura intentaba ocultar la información. La paradoja: el mismo régimen que prohibía la libertad de prensa permitía, con límites, un periodismo amarillo que hoy sería tachado de desinformación.
Los partidarios de la nostalgia franquista argumentan que entonces no había crímenes horribles o que no se aireaban; la realidad es que los hubo, y algunos muy graves, pero el control informativo los sepultaba. Hoy, sin esa censura, cualquier suceso se amplifica, y la percepción de inseguridad crece. El dato que falta: ¿aumentó la criminalidad real o solo su visibilidad?
- En la dictadura, la prensa estaba sujeta a la Ley de Prensa de 1938 y posteriormente a la de 1966, que mantenía la censura previa en la práctica.
- "El Caso" llegó a vender 200.000 ejemplares en los 60, alimentando el morbo con crímenes reales o inventados.
- Hoy, medios digitales y redes sociales replican el mismo patrón sin filtro.
La discusión no es tanto sobre si había más o menos delincuencia, sino sobre la transparencia informativa. La nostalgia oculta que el silencio no es seguridad, y que el ruido mediático actual, a veces falso, es el precio de no tener un régimen que decida por nosotros qué podemos leer. Al final, el debate revela más sobre el presente que sobre el pasado: usamos el franquismo como espejo para quejarnos de lo que no nos gusta hoy. No es un mal espejo, pero sí deformante.