Las comunidades de vecinos son complicadas, pero conozco a personas que, además, les tocó ser presidente de mancomunidad, con lo cual tienes que tratar, solventar o lidiar con alguna que otra patidifusez. Es el problema de vivir en comunidad y que todos tengan derecho a voto y veto, por muy complicado que sea, que siempre son la mayoría (eso lo descubres al ser presidente de comunidad o de mancomunidad, si no tienes otros intereses o te pliegas a ellos, como pasa casi siempre).
Algo así pasa en la vida en general, que la mayoría vota sin informarse, voten a lo que voten, pero, además, pueden votar al que amaña los votos y creen que su comunidad de vecinos es democrática y esas cosas que les hacen sentir bien, aunque no se quieran plantear qué la hace democrática o los mecanismos de control para que así sea.
Son los típicos que hablan en las reuniones de vecinos, pero que son incapaces de ver más allá de sus propias palabras y sus problemas cotidianos (normalmente que dejen ladrar a mi perro, que el animalito tiene derecho a expresarse, que la acera no la voy a pagar yo, aunque sea el que tire los escombros de mi casa —este tipo de persona siempre está de reforma en su casa, haciendo tales reformas con el máximo ruido— o el hecho de que sea cantante de ópera debería ser algo que apreciaran todos los vecinos, aunque dé el do de pecho a las tres de la mañana.).
Hablamos de gente con problemas sin diagnosticar, pero que conviven entre nosotros y, también, entre algunas de nosotras.