Teherán y el día cero del agua: los números que apuntan a enero
Teherán afronta un escenario de colapso hídrico con una aritmética incómoda. Los embalses que abastecen a la capital iraní —Karaj, Amir Kabir, Taleqan, Lar y Latyan— operan en niveles críticos, y un cálculo difundido en un foro desde el 10 de noviembre de 2025 no deja margen: 32 millones de metros cúbicos de reservas viables frente a un consumo diario de 2,46 millones incluso aplicando un ahorro del 18%. El resultado son 13 días de agua. A partir de ahí, todo depende de trasvases de emergencia, acuíferos y de que llueva en diciembre.
La discusión no es si hay sequía. Es si el sistema aguanta hasta que llegue la lluvia.
Los números del día cero: 32 hm³ y 13 días de margen
El planteamiento inicial es brutal en su simplicidad. Con 32 millones de metros cúbicos disponibles y un consumo diario de 2,46 millones —ya descontado un ahorro del 18%—, la capital se queda seca el 23 de noviembre sin una gota de lluvia. No es un ejercicio teórico: los cortes nocturnos y la presión reducida ya forman parte de la rutina de una ciudad de 10 millones de habitantes, 18 en su área metropolitana.
Lo que evita el colapso inmediato es una combinación de parches. Los trasvases de emergencia desde Taleqan y los acuíferos aportan entre 10 y 15 millones de metros cúbicos extra. El racionamiento progresivo, con 12 horas sin agua al día desde el 15 de noviembre, rebaja aún más la demanda. La lluvia pronosticada para el 15-25 de diciembre —17 milímetros, unos 7,5 millones de metros cúbicos— entra tarde, pero entra. Con todo sumado, el margen se estira hasta el 9 de enero de 2026. Si no llueve, el día cero llega el 15 de diciembre.
¿Por qué no basta con perforar pozos o desalar agua del Caspio?
La objeción más repetida es la de los pozos subterráneos. No todo el agua consumida viene de la lluvia del año. Cierto. Pero Irán acumula cinco años de sequía y los acuíferos están sobreexplotados. El propio cálculo del día cero ya los incluye como aporte de emergencia: 10 millones de metros cúbicos. No hay más.
La otra pregunta recurrente es la de las desaladoras. Teherán está a unos 100 kilómetros del mar Caspio, el mayor cuerpo de agua interior del planeta, con 78.000 kilómetros cúbicos. La distancia no es el problema. El problema es el desnivel: 1.200 metros de altitud y una cordillera de 3.500 metros de altura entre la capital y la costa. Bombea eso.
El contexto que agrava todo: sequía, gestión y geopolítica
Irán encadena su sexto año consecutivo de sequía extrema, considerada la peor en 50-60 años. Las precipitaciones siguen siendo prácticamente nulas y los embalses principales operan entre el 5% y el 12% de su capacidad. Las imágenes de ciudadanos paseando sobre el lecho de los pantanos se han convertido en un símbolo incómodo.
Sobre ese telón de fondo, la crisis hídrica se cruza con la geopolítica. La guerra de los 12 días en junio, el cierre de Ormuz como amenaza recurrente, la presión internacional. Hay quien sostiene que la magnitud del problema se exagera para desestabilizar al régimen. En contra pesa un dato que no admite interpretación: el propio presidente iraní difundió la situación. Y el CEO de la compañía de aguas de Mashhad reconoció que solo queda un 2% de la capacidad de almacenamiento de sus presas.
El escenario que nadie quiere calcular: evacuar 10 millones de personas
La hipótesis de la evacuación planea sobre toda la discusión. No es una medida anunciada, pero la aritmética la pone sobre la mesa. Si el día cero llega en enero o febrero de 2026, la pregunta no es cómo se raciona el agua, sino cómo se gestiona una capital de 10 millones de habitantes sin suministro.
Los camiones cisterna aparecen como último recurso. El cálculo es desalentador: para cubrir 2,7 millones de metros cúbicos diarios harían falta 90.000 camiones al día, asumiendo una capacidad de 30 metros cúbicos por vehículo. No hay flota en el mundo que sostenga eso.
La fecha del 9 de enero de 2026 se sostiene sobre una condición: que llueva en diciembre. Si no llueve, el margen se agota el 15 de diciembre. A partir de ahí, todo son incógnitas. Los trasvases tienen un límite físico, los acuíferos están secos y la lluvia no se negocia. El cálculo está hecho. Lo que falta es que el cielo cumpla su parte.