Larry Johnson sostiene que Trump quiso usar los códigos nucleares y Caine lo paró
Un exanalista de la CIA, Larry Johnson, ha puesto sobre la mesa una versión que circula por los circuitos del periodismo geopolítico alternativo: que Donald
Trump habría querido emplear los códigos nucleares contra Irán y que el general Dan Caine, hoy jefe del Estado Mayor Conjunto, se lo habría impedido. La afirmación no viene acompañada de documentación verificable y se apoya en un podcast, pero ha bastado para reabrir la discusión sobre quién controla realmente el botón y hasta qué punto el relato del establishment se construye a posteriori.
Dan Caine no es un militar de manual. Según los datos que maneja la propia discusión, es general de la Fuerza Aérea y también inversor de capital de riesgo, y ocupó el puesto de director asociado de asuntos militares en la CIA entre 2021 y 2024. Esa doble condición —estrella militar y capitalista de riesgo— levanta ampollas: hay quien considera incompatible tener un puesto en el ejército a ese nivel y operar en el mercado. El nombre, además, invita a la coña fácil.
El maletín nuclear y la broma que dejó de serlo
La versión de Johnson se ha recibido con una mezcla de incredulidad y sorna. Circulaba desde hace tiempo la coña de que el maletín nuclear presidencial era de pega, y de que Trump fue el primer presidente en darse cuenta porque lo apretó cuando nadie miraba y no pasó nada. La realidad, dicen algunos, ha superado al chiste. Otros van más lejos y afirman que lo que se presenta como un ataque nuclear es en realidad una operación «sana de paz» contra Irán.
El escepticismo, sin embargo, no apunta solo a la anécdota.
Una parte del análisis sostiene que el relato sirve para autorretratar al establishment como sensato: «tuvimos que parar al peligroso naranja». Es la misma táctica que se usó con la trama rusa, recuerdan. La discusión se desplaza así de los hechos a la intención de quien los filtra.
Del no intervencionismo a la decepción
El giro de Trump respecto a su primer mandato desconcierta incluso a quienes esperaban un segundo periodo de perfil no intervencionista.
Hay quien se pregunta si algún día se conocerá lo que se ha cocido en el fango del pantano estadounidense desde su derrota electoral de 2020. La senilidad del presidente aparece como argumento recurrente entre los críticos, mientras otros piden prudencia: «no nos vengamos arriba, hay que esperar a octubre».
El debate se cruza con la política exterior y con el papel de Irán. Una corriente defiende que Trump es imprevisible y que de él cabe esperar cualquier cosa, ninguna buena, a la vista de sus mensajes públicos. Otra responde que el problema no es Trump sino el sistema que lo rodea, y que la verdadera noticia sería que alguien hubiera tenido que frenarlo.
Lo que queda, a la fecha de esta discusión, es una acusación sin pruebas públicas, un general con cartera de inversiones y un maletín que nadie ha visto abrir. El dato que descoloca: la conversación no gira sobre si Irán estuvo a punto de arder, sino sobre si el botón existe.