Trillo asegura que Sánchez ya ha pactado la entrega de Ceuta y Melilla
¿Ha pactado Pedro Sánchez la entrega de Ceuta y Melilla a Jovenlandia? El ex ministro de Defensa Federico Trillo lo afirma sin matices. En plena escalada de la presión migratoria en la frontera, el expolítico popular sostiene que el presidente lleva cerrado ese acuerdo y que el Gobierno está «preparando la opinión pública» para asumirlo. No aporta pruebas, pero la afirmación ha reabierto una herida que nunca terminó de cerrarse.
Quién es Federico Trillo y por qué su palabra divide
La credibilidad del ex ministro no es unánime. Su etapa al frente del Ministerio de Defensa quedó marcada por el accidente del Yak-42, en el que fallecieron 62 militares. Años después, su nombre apareció en los papeles de Bárcenas, algo que siempre negó. Para unos, ese pasado resta peso a sus palabras; para otros, precisamente por haber vivido en los pasillos del poder, su diagnóstico merece ser escuchado. La cuestión de fondo, en cualquier caso, no es quién lo dice, sino si hay un plan real de cesión.
El efecto dominó: de Ceuta y Melilla a Canarias
Quienes dan crédito a la tesis de la cesión señalan el precedente de Hong Kong: Reino Unido devolvió la colonia a China en 1997. Quienes la descartan recuerdan que Ceuta y Melilla son españolas desde hace siglos y que la ONU nunca las ha considerado colonias. La cuestión va más allá de las dos ciudades: si se cede allí, algunos analistas avisan de que el siguiente paso sería Canarias, con sus intereses comerciales, pesqueros y energéticos. De hecho, informaciones periodísticas aparecidas en esos días apuntan a movimientos en los depósitos fiscales del archipiélago.
¿Cesión pactada o doctrina del shock?
La otra lectura sostiene que no hay cesión, sino una operación de Estado para favorecer la inmi gración masiva. Según esta corriente, el Ejecutivo pacta con Jovenlandia episodios de presión fronteriza para aplicar después una «doctrina del shock»: presentar a los migrantes como una amenaza y justificar políticas restrictivas o de externalización de fronteras. En esa interpretación, las declaraciones de Trillo serían, paradójicamente, un elemento más del ruido interesado que rodea todo el asunto.
El coste económico de jugar con el Estrecho
Más allá de la soberanía, el asunto tiene lectura económica. Perder el control de Ceuta y Melilla supondría entregar la puerta del Estrecho, con efectos sobre el comercio, la pesca y los flujos migratorios. Y no solo en África: la especulación sobre Canarias como moneda de cambio -hay quien habla de petróleo venezolano- convierte el asunto territorial en una partida de intereses muy concretos. Lo que parece una cuestión de banderas es, en realidad, una cuestión de flujos.
Con tales mimbres, la cesión parece difícil de tejer. Pero mientras unos niegan la mayor y otros aseguran que está todo atado, la frontera sigue ahí, con sus vallas, sus boyas y sus contradicciones. Que cada cual elija su teoría. Eso sí, conviene recordar que en este país los pactos secretos duran lo que tarda en publicarse un tuit.