El infierno existe y está en el sur de la Comunidad de Madrid
El infierno no es una promesa ultraterrena: es un territorio concreto en el mapa español. O así lo ven quienes responden a la pregunta escatológica con ironía. Mientras unos lo sitúan en el conjunto del país, otros lo circunscriben a la zona sur de la Comunidad de Madrid y Toledo norte. La comarca de La Sagra, con municipios como Chozas de Canales, se convierte en el epicentro de un chiste recurrente sobre la calidad de vida.
La Sagra como territorio maldito
El clima extremo juega a favor de la leyenda: calor de mil malos en verano y frío de mil malos en invierno. La narración adopta incluso tintes literarios con un encuentro nocturno en una estación de gasolina, donde un viejo describe la comarca como un lugar asombrosamente diferente. Pero la sátira territorial no aguanta bien el contacto con la realidad social: una parte de la conversación derivó hacia comentarios xenófobos sobre la población migrante de la zona, a los que el resto respondió marcando distancias. Cuando la broma geográfica se convierte en rechazo al que habita el lugar, el infierno deja de ser metáfora.
El infierno también se pedalea
No todo es geografía. Para los aficionados al ciclismo, la condena eterna tiene forma de puerto de montaña: subir el Angliru sin sillín, solo con la tija, es una imagen que no necesita demonios. La dureza de la subida asturiana se convierte en la definición laica del sufrimiento prolongado.
A la pregunta de si existe el infierno, la respuesta más extendida es que sí, con nombre propio y alquiler desorbitado en el extrarradio. Pero el infierno también está en la facilidad con la que una broma sobre un territorio se convierte en un ataque contra la gente que lo habita. Ahí, ni el mismísimo diablo gana.