El ruido de sables obliga a Felipe VI a pronunciarse
España no está al borde de un golpe de Estado, pero el ruido de sables ha adquirido una intensidad suficiente como para que el Jefe del Estado haya roto su silencio. El pronunciamiento, sin embargo, no ha sido recibido con la solemnidad que cabría esperar. Entre las reacciones domina la ironía y el escepticismo, una mezcla peligrosa cuando los mercados interpretan cualquier institución tambaleante como un riesgo.
La alusión a Marruecos no es casual. El comentario sobre «coger el caza y dar una vuelta por Rabat» circula como una broma que, en realidad, refleja la tensión real en el norte de África. La vía militar nunca es una opción racional para una economía con la fragilidad fiscal de la española, pero el hecho de que se mencione en conversaciones cotidianas indica hasta dónde ha llegado el deterioro de la confianza en la gestión diplomática.
El coste económico de la inestabilidad institucional
La incertidumbre política se paga en la prima de riesgo, en la inversión extranjera y en el consumo. Cuando las instituciones del Estado se ven salpicadas por rumores de injerencia militar, la percepción de riesgo país aumenta. Aunque no es probable un desenlace golpista, el simple ruido obliga a los inversores a descontar un escenario que hace unos meses parecía de ciencia ficción.
El ejecutivo, mientras tanto, aparece en la conversación pública como un actor secundario, más preocupado por las apariencias que por la solidez institucional. La mezcla de un presidente y una vicepresidenta tratados como caricaturas y un rey sometido a burla constante no es buen negocio para la marca España.
La pregunta que nadie responde es: ¿hay alguien con autoridad suficiente para desactivar la tensión antes de que se convierta en un problema económico real? La previsión más prudente es que el ruido continuará, que los mercados lo tolerarán mientras los datos macro no empeoren, pero que la fragilidad ha quedado registrada. Hasta que no se aclare el horizonte político, el ruido de sables seguirá pasando factura.